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El Fuego de San Antón. XIV·I·MMXIII


Faltan unos días para que en la villa de Abla volvamos a celebrar el día de San Antón. La tradición establece que la víspera de San Antonio Abad, es decir el día 16 de Enero por la noche, los vecinos se reúnan en torno a la hoguera que se prepara en la Plaza de San Antón y degusten los vinos de la tierra, y las “rosas” o palomitas de maíz, dejando la ermita abierta para que el Santo vea la lumbre de su plaza.

También es cierto que la parte alta del pueblo se suma a esa celebración haciendo otras fogatas vecinales, y de igual modo unos días después, la víspera del día 20, día de San Sebastián, la otra mitad del pueblo vuelve a encender hogueras siguiendo la misma tradición que para San Antón.
 
 


Pero, ¿por qué se encienden estas hogueras?

Para conocer la respuesta primeramente hay que aclarar que la tradición de encender fuego no es exclusiva de Abla, esta tradición es compartida por innumerables poblaciones de España y de Europa, tradición que se pierde en las tinieblas de la historia. Intentaremos explicar esta tradición dejando al lado la opinión más extendida que se basa en establecer el fuego como elemento purificador y asemejando esa tradición incluso con las hogueras de San Juan, cuando nada tiene que ver como veremos.

San Antonio Abad, San Antonio el Grande, o San Antón como mejor lo conocemos, ocupa un puesto indiscutible en la tradición del pueblo cristiano español, este Santo ha sido representado por numerosos artistas e incluso también por Velázquez, autor no muy propenso a representar santos. Empezaremos resumiendo brevemente la vida de este Santo tan venerado.


"San Antonio Abad y San Pablo Ermitaño" Velázquez.


La vida de San Antonio Abad es mundialmente conocida gracias a que San Anastasio, que lo conoció en vida, escribió sobre él la que es considerada hoy como la más antigua hagiografía sobre un santo que se conserva.

San Antón nació en cerca de Menfis, en Egipto, en el año 251. Quedó huérfano muy joven heredando una suma más que considerable de bienes, lo que le hubiese permitido vivir en la opulencia el resto de su vida. Pero un buen día al entrar en un templo cristiano, escuchó el pasaje del Evangelio de San Lucas en el que un joven rico le pregunta a Jesús sobre lo que tiene que hacer para conseguir la vida eterna y al que Jesús le respondió;
[Todo cuanto tienes véndelo y repártelo entre los pobres, y tendrás un tesoro en los cielos; luego, ven y sígueme.]

San Antonio no dio muchas vueltas, vendió sus bienes, repartió el dinero entre los pobres, y a su hermana pequeña la dejó al cuidado de unas piadosas cristianas, marchándose luego a vivir al desierto. Vivió 105 años, falleciendo en el monte Colzim, cerca del Mar Rojo.

También sabemos que nunca perdió un diente, su vista era impecable y que a pesar de su edad, 105 años, tenía una salud inquebrantable mostrando incluso mejor tono de piel que muchos de los jóvenes que le acompañaban. Su muerte es relatada de esta forma;
[Después de pocos meses cayó enfermo. Llamó a los que le acompañaban –había dos discípulos que llevaban vida ascética desde hacía quince años y se preocupaban de él a causa de su avanzada edad- y les dijo: “Me voy por el camino de mis padres, como dice la Escritura pues me veo llamado por el Señor. En cuanto a ustedes estén en guardia y no hagan tabla rasa de la vida ascética que han practicado tanto tiempo. Esfuércense para mantener su entusiasmo como si estuvieran recién comenzando. Distribuyan mi ropa. Al obispo Anastasio denle la túnica y el manto donde yazgo, que él me lo dio pero que se ha gastado en mi poder; al obispo Serapión denle la otra túnica, y ustedes pueden quedarse con la camisa de pelo. Y ahora, hijos míos, Dios los bendiga. Antonio se va y no está más con ustedes.”]

Pero lo más importante no es su muerte sino su vida ya que muchos cristianos empezaron a irse a vivir junto a San Antonio fundando la primera comunidad de ermitaños de vida común de la historia, por ello este Santo siempre tuvo una gran influencia en todas las ordenes monacales que se sucedieron. De hecho y como ejemplo, en el Origen de los Padres de la Orden Libanesa Maronita empiezan diciendo;
[En 1695, los tres religiosos fundadores decidieron seguir, de común acuerdo, la Regla de San Antonio El Grande, Padre del Monacato…]

Tampoco debemos olvidar la influencia espiritual de este Santo en la reforma del Carmelo, por Santa Teresa de Jesús y San Juan de la Cruz.

Sin extendernos mucho más en la vida de este Santo marchémonos unos siglos más adelante para comprender la tradición del fuego e incluso otros aspectos como la representación del cerdo a sus pies o como lo llamamos cariñosamente el “marranico de San Antón”.

San Antón por propia voluntad fue enterrado en un lugar desconocido en el desierto para evitar peregrinaciones a su tumba, pero fue descubierta en el año 561 y trasladados sus restos a Alejandría, después se llevaron a Constantinopla y posteriormente a Francia, concretamente a la comarca del Delfinado donde se depositaron en un Monasterio Benedictino llamado Montmajour por unos caballeros que volvían de las cruzadas.

 
Monasterio de Montmajour.
 
En la Edad Media las epidemias estaban a la orden del día, la Peste Bubónica, la Lepra o la Sarna, diezmaban a la población europea un año sí y otro también. Pero hubo una enfermedad que fue especialmente temida incluso mucho más que la Peste por su extrema crueldad, hablamos del Ignis Sacer, Fuego maldito, o Ergotismo.

Los síntomas del Ergotismo se caracterizaba por la sensación de intenso frío y dolor en la parte afecta, seguida de ardor y erupciones vesiculosas que evolucionaban hasta adquirir el miembro dañado un aspecto lívido y purulento que, circunstancialmente, terminaba con la amputación espontánea del miembro. Era una enfermedad vascular que generaba una vasculopatía obstructiva periférica, con un síndrome de isquemia, que terminaba en una gangrena seca. Empezaban por la sensación de que literalmente te quemabas por dentro, afectando primeramente a las extremidades, puntas de los dedos, orejas, nariz, que lentamente se iban gangrenando, todo esto acompañado de alucinaciones y delirios, hasta que se moría por una infección generalizada con terribles dolores. Lo cruel de la enfermedad radicaba en que la mayoría de las veces se desmembraba un brazo u otra parte del cuerpo estando el enfermo con sus facultades mentales intactas, siendo consciente totalmente de lo que sucedía.
 
 
"Los mendigos" Pieter Brueghel.
 
 
Mucho más tarde se supo que el Ergotismo estaba provocado por un hongo que produce el centeno llamado “Claviceps Purpurea” vulgarmente “el cornezuelo del centeno”. Pero en la Edad Media no se sabía esto y la mayoría de los pueblos europeos consumían pan de centeno que era más barato que el de trigo, por lo que la enfermedad se contempló como una peste más, de las muchas que había.


Espigas de centeno con el hongo Claviceps Purpurea.
 
Los enfermos no tenían ninguna institución sanitaria donde asistir a que les trataran, así que solían dirigirse a los Monasterios y a los Santuarios en busca al menos de un consuelo Divino.

Sucedió que manifestándose esta enfermedad en Francia entre el 1085 y el 1095 destacó y se hizo famoso el Monasterio de Montmajour, cerca de Vienne capital del Delfinado, donde como hemos apuntado antes se encontraban los restos de San Antonio Abad. Allí se creó una fraternidad llamada “Los Hermanos Hospitalarios de San Antonio” o los “Antonianos” como se les bautizaría rápidamente. Eran personas con amplios conocimientos en medicina y un mayor corazón caritativo, que se dedicaban expresamente a tratar a estos enfermos bajo el patrocinio de San Antón. Y se hizo famoso porque por todos lados corrió la noticia de que todos los que visitaban el Monasterio sanaban milagrosamente.

Lo cierto es que los Hermanos de San Antonio no hacían nada especial en un principio, solían aplicar hierbas medicinales a los enfermos, y para alimentarles criaban sus propios cerdos y cultivaban sus huertas, bueno mejor dicho, los cerdos campaban libremente por los campos comunales y por las villas cercanas llevando al cuello una campanilla para que todo el mundo supiese que eran los cerdos de San Antón y los respetasen.

Y sin saberlo, mediante la aplicación de bálsamos milagrosos como el “bálsamo de San Antón” y el “Santo Vinagre”, además de una sana alimentación compuesta por pan de harina de trigo, buen vino y un mejor jamón empezaron a sanar a muchos enfermos, su fama fue tal que crearon un gran “Hospital” al que llamaron el “De los Desmembrados”.

En 1297 una bula del papa Bonifacio VIII los convirtió en Orden religiosa y llegaron a tener en Europa la nada despreciable cifra de 397 hospitales.

También tenían costumbre de hornear unos panecillos con la Tau “T” grabada en ellos, de harina de trigo sin sal ni fermentos, lo que aliviaba al instante al enfermo.

La Tau “T” es la última letra del alfabeto hebreo y era el símbolo que adquirió San Antonio en vida y también San Francisco de Asís el cual visitó un hospital de San Antonio en su peregrinación a Santiago de Compostela, símbolo que sería incluso empleado como firma por el fundador de la Orden franciscana. San Antonio y los miembros de su posterior Orden la llevaban dibujada en sus túnicas. Hoy en día se suele repartir el famoso panecillo de San Antón entre los asistentes a los oficios religiosos.


Tau.
 
Los Hermanos de la Orden de San Antonio al empezar cambiando la dieta de pan de centeno a los enfermos cortaban los efectos de la enfermedad casi al instante, luego al amputar los miembros afectados y aplicar la medicina natural para cortar la infección, provocaba una mejoría completa del enfermo. Por ello a partir de ahí a esta enfermedad se le conoció como “Fuego de San Antón”. Se hizo tremendamente popular que sólo bajo la protección de San Antón se curaba el Fuego Maldito que afectaba al enfermo.

Conforme se fue conociendo que el problema radicaba en consumir pan de centeno contaminado por el cornezuelo dejaron de producirse casos en Europa de Fuego de San Antón, quedando los hospitales sin uso, por lo que en 1791 se extinguiría la Orden mediante un breve pontificio de Pío VI.

Hace pocos años una reciente investigación en una Universidad Norteamericana puso de manifiesto que aunque hubo un claro ejemplo de casualidad al utilizar pan de harina de trigo, los Hermanos de San Antonio tenían un impecable conocimiento médico para la época ya que el famoso “Bálsamo de San Antón” combinaba hojas y granos de diferentes plantas, como acelga, berza, nogal, saúco, tusílago, ortiga, sanícula y ruda, con adición de grasas animales (cerda y carnero) y también de resina y aceite de oliva, consiguiendo un ungüento poderosamente antiséptico por la presencia de trementina y acetato de cobre. También el “Santo Vinagre” estaba compuesto por catorce plantas, gran llantén, llantén lanceolado, amapola, verbena, ranúnculo bulboso, escrofularia acuática, ortiga blanca, grama rampante, verónica, genciana, dompte-veneno, trébol blanco, juncia y sacanda. Estas plantas sedativas, narcóticas o vasodilatadoras se mezclaban con vinagre y miel. Trituradas, hervidas y maceradas, servían para la elaboración de emplastos, jugos, zumos y decocciones o también para ungüentos destinados a llagas abiertas y úlceras.

Pero el recuerdo hizo la tradición, ya el Santo sería representado con el cerdo a sus pies con su campanilla para que nadie le dañase, se seguirían horneando sus panecillos, y se encenderían las hogueras en recuerdo de la victoria sobre el Fuego Maldito.

Y aunque el paso del tiempo hace que mantengamos tradiciones sin saber muy bien el porqué de ellas, de alguna manera ya para siempre quedaría en la memoria colectiva de los distintos pueblos y comunidades este hecho histórico, por ejemplo en nuestro pueblo, algunos mayores aún recitan este refrán;

Viva San Antón Bendito,
el Bendito San Antón.
Nos libre de las epidemias
y nos de su protección.
Pedid de la plaza para arriba,
que es nuestro deber.
Y si algo falta,
bajad para abajo también.


Imagen de San Antón. Abla.


Seguramente los primeros repobladores cristianos que vinieron a nuestro pueblo nos trajeron esta tradición, y el hecho de que sólo se enciendan las hogueras en la parte alta del pueblo parece indicar que la parte baja quedaba bajo la protección de San Sebastián al que se le celebra de la misma forma y al que se le pedía también la protección contra las epidemias, de hecho San Sebastián es el Santo al que más se le ha invocado para la protección contra epidemias de toda la historia.

Pero lo más curioso es que hay otro Santo al que también se le celebra en Abla y que está estrechamente vinculado a la protección de las epidemias, especialmente de la Peste Bubónica, hablamos de San Roque.

Pero este artículo es para San Antón, porque pasé los primeros cinco años de mi vida viviendo frente a su ermita, así que no se molesten San Sebastián ni San Roque y esperen a tener el suyo.



 


Juan Sicilia y Gallego. El C.S.I. de Abla. X·XII·MMXII


No somos pocos, por los niveles de audiencia, los que hemos visto en numerosas ocasiones la serie norteamericana C.S.I del excelente productor Jerry Bruckheimer, en sus diferentes secciones C.S.I. New York, Las Vegas y Miami. En estas series vemos a un grupo de policías y científicos esclareciendo crímenes a través del análisis de las pruebas recogidas en el escenario del crimen. Incluso en España se produjo una serie de temática similar llamada R.I.S Científica.

La Policía Científica ha cumplido hace poco 100 años de historia, pero los avances en esta materia fueron impulsados por médicos, químicos, físicos y farmacéuticos que en la mayoría de las veces quedaron y quedan en el anonimato. Este es la historia de uno de ellos.

Entre las 12.15 horas del 24 de Septiembre de 1864 y las 19.30 horas del día 29 del mismo mes se celebró en Madrid el primer Congreso Médico Español presidido por D. Tomás Eustaquio Corral y Oña, médico de cámara de la Reina Isabel II.

 



Tomás Eustaquio Corral y Oña


En dicho Congreso participaron 290 autoridades relacionadas con la medicina, principalmente médicos y farmacéuticos, de los cuales sólo 54 expusieron sus respectivos estudios a los asistentes. Uno de esos 54 era un abulense.

Hablamos de D. Juan Sicilia y Gallego, farmacéutico y hermano de D. Joaquín Sicilia y Gallego, el médico del que ya hablamos en otros artículos anteriores.

Hablar de que el “boticario” de Abla participase activamente en ese congreso no es de especial relevancia, si lo es en cambio el estudio que expuso, pues recalcaba claramente la lucha de este abulense ilustre para que las autoridades judiciales y policiales españolas consideraran el análisis científico en general y el químico en particular como una prueba irrefutable en el esclarecimiento de un crimen.

En la segunda sesión celebrada el 25 de Septiembre, nuestro paisano Juan Sicilia y Gallego expuso su estudio llamado “Algunas observaciones sobre las manchas de sangre”

El cual comenzó con estas palabras;
[No el deseo de gloria me impulsa a tomar la palabra en este Congreso, que tanto honra a la Nación donde tiene lugar: causas más justas, motivos más poderosos me impelen, cuales son, el consignar algunos hechos relativos a la investigación químico-legal de las manchas de sangre, tanto en lo concerniente a su distinta naturaleza, como en lo variado de su procedencia. Hechos que conviene consignar hoy detalladamente, cuando tan frecuentes son los casos en que el puñal del homicida es el único y fatal razonamiento de que suelen valerse algunos individuos de la sociedad.]

Juan explica luego que los grandes adelantos en esa parte de la toxicología o química legal había alcanzado un gran nivel gracias a científicos como Teichmann de Gotinga, Casanti, Persoz, Rose, Zollikofer, Orfila, Devergie, Brunne de Viena o Everardhome, y han permitido que en ese momento se pueda saber si las manchas de sangre son de mamífero o vertebrado, o si de mamífero de la especie humana u otro animal cualquiera.

A pesar de ello, nuestro farmacéutico argumenta el motivo de su estudio;
[…a pesar de tan sorprendentes adelantos, dignos de singular mención, me quedaba una duda que por espacio de algún tiempo no dejó de ocupar mi mente, en serias meditaciones. Acudí a delicados y reiterados experimentos, de los que deduje como lógica consecuencia, que cuestiones de tal naturaleza no quedan científicamente resueltas por el solo hecho de conocer que una mancha es de sangre de la especie humana, y no de otra sustancia cualquiera, pues las exigencias legales no pocas veces traspasan tan estrechos límites, lo cual no es extraño si tenemos en cuenta, que una mancha de sangre algunas veces, no reconoce su origen en la solución de continuidad periférica, sino en uno de tantos flujos sanguíneos, que como el nasal, gastrorrágico, metrorrágico o menstrual, son tan naturales como frecuentes en la especie humana: exigencias, que si bien no creo satisfechas, en su totalidad, por el escaso tiempo de que he podido disponer, al menos creo lo están en cuanto hace referencia a las manchas de procedencia menstrual: algunos experimentos hechos sobre este punto, en el laboratorio que tengo la honra de dirigir, y ciertos casos químico-legales que he tenido necesidad de resolver, son los que me autorizan o inducen a creerlo.]

A continuación el Doctor Juan expone que el experimento realizado consistió en separar las manchas mediante un medio mecánico de la tela u objeto donde existían, las tuvo macerando en agua destilada durante veinticuatro horas y transcurridas estas reunió los líquidos resultantes de la maceración, que por su opacidad o suciedad tuvo que filtrar con papel sin cola, consiguiendo que su aspecto fuese más diáfano, aunque no limpio del todo. Parte de este líquido lo evaporó hasta secarlo, conduciendo el fuego con el máximo cuidado para evitar su carbonización con una lámpara de espíritu de vino. Cuando recogió el residuo rojo amarillento, producto de la evaporización, lo colocó en una capsulita de cristal, donde previamente había puesto unas gotas de ácido fosfórico de 1,18 grados de densidad, el doble de la cantidad de polvos que había obtenido de las manchas. Hecha la mezcla de estos y el ácido en la cápsula de cristal, y en las proporciones ya dichas, lo aplica a la llama de la lámpara, cuando observa que en el centro aparecía una masa de consistencia extractiva, de color hepático, plástica, glutinosa y coherente, cuya adherencia perdía por la presión de una varilla de cristal, pero que abandonada a si misma, volvía a recobrarla con rapidez; caracteres peculiares de la sangre humana, según Casanti, y comunes a la solución de continuidad periférica, y a la de procedencia menstrual; pero notó, que la capsulita de cristal se cubrió repentinamente interior y exteriormente de una capa cristalina, áspera, de fácil separación, y que hizo perder al cristal su diafanidad, carácter este exclusivo de las manchas de sangre de flujo metrorrágico o menstrual.
 


Después de explicar su experimento puso como ejemplo tres casos para los que había sido requerido nuestro Doctor por la Audiencia de Madrid y por petición de algunos Juzgados de Primera Instancia;
[   El primero, es procedente del de Getafe, en que con fecha 8 de Febrero último, se me encargó practicar el análisis químico de unas manchas existentes en varias prendas, correspondientes a la causa que en el mismo se seguía contra la persona de J.R. Teniendo que fijar la naturaleza íntima de tales manchas, me ocurrió poner en práctica el procedimiento que acabo de exponer, y por él me convencí que unas manchas eran de solución de continuidad periférica, y otras de procedencia menstrual, o de un flujo sanguíneo afine a él: porque al tratarlas por el ácido fosfórico de Casanti, unas manchas sanguinolentas solo presentaron los caracteres de plasticidad, homogeneidad, color hepático, consistencia extractiva, conglutinación y coherencia, etc., mientras que otras no solo aparecieron con tales caracteres, sino que a ellos se unió la abundante y hermosa cristalización, característica de la sangre metrorrágica, sobre cuya cristalización he llamado la atención.
    El segundo fue, el que con fecha 8 de Julio, también último, se me remitió, del Juzgado de Azpeitia, para que informara de la índole de unas manchas de sangre esculpidas en una escofina, en causa instruida en el mismo por la muerte violenta de las personas M. M. y J. B. Entre estas manchas, si bien a la simple vista se notaba diferencia, no era tan clara que pudiese dar por resuelta la cuestión; por lo que, separadas las del tercio superior y mas agudo de la escofina, bien pronto me convencí que tales manchas eran de naturaleza distinta de las demás esculpidas en ella; pues aquellas aparecieron al tratarlas por el reactivo Casanti, con la cristalización característica, mientras estas solo presentaron su conglutinación, plasticidad, etc., y nada de cristalización.
    El tercero y último caso que me ocurrió, es de igual fecha que el anterior, y en él se me ordenaba determinar la naturaleza y procedencia de unas manchas estampadas en varias prendas de vestir, de las que por su variada forma, unas eran de hombre y otras de mujer, procedentes del Juzgado de igual clase de Navalcarnero, en causa que instruía por el horroroso asesinato de un matrimonio: manchas, que no siéndome posible fijar por sus caracteres físicos, lo hice por la reacción química consignada: pues ella me indicó que no solo eran de sangre, sino que entre ellas las había de procedencia menstrual o metrorrágica y de solución de continuidad periférica.]

Juan Sicilia terminará su exposición afirmando que es de notable necesidad el que todos los químicos contribuyan a enriquecer esa parte de la ciencia pues todos los delitos que tienen que ver con violaciones y asesinatos pueden ser resueltos con estos estudios.

Y obrando como un profeta termina diciendo;
[Por lo que confío que continuando en esta clase de investigaciones analíticas, con la cooperación de tantos y tan dignos profesores como a ellas se dedican, llegará un día en que se pueda marcar por reacciones características, no solo la naturaleza íntima de todas las manchas de sangre, de tan variada procedencia, sino la de otras infinitas, que no siendo de naturaleza sanguinolenta, sean más difíciles de determinar y de las que reclaman serios y detenidos trabajos químicos-legales.]

No pasarían muchos años hasta que nuestro paisano dio un paso más en su lucha, fue al leer el discurso en el acto de recibir su investidura como Doctor de la Facultad de Farmacia el 26 de Junio de 1868.

En dicho discurso llamado “Importancia de la análisis química en la administración de Justicia” hace una exposición brillante sobre lo que para él era su lucha y su vida, comienza su discurso con un Salmo en latín;
Et honor regis iudicium diligit. (Y el honor del Rey ama la justicia)
Salmo 98, v.4.
Y luego explica en su preámbulo como desde la antigüedad el crimen y el hombre han andado juntos pero de igual forma la justicia ha evolucionado y debe evolucionar más para emplear todos los avances científicos en detener a los criminales.
 
Dedicatoria Tesis

Me quedo con una reflexión de nuestro Doctor donde resume el mismo por qué considera que se debe continuar en esa línea;
[Nunca, Excmo. Sr. aparece tan pequeño el hombre ante sus mismos ojos, ni se convence de su propia debilidad y brevedad de su existencia, como al proponerse probar cosas que casi son axiomáticas en su enunciación; pero que a su vez son de trascendental importancia en las sociedades cultas: tal es la de la intervención de la análisis química en la administración de justicia, o llámese importancia de los medios que conducen a no condenar a un inocente, o a no dejar impune a un criminal.]
 
Juan Sicilia después de exponer en un discurso de 25 folios los avances y todo lo que queda por avanzar terminará educadamente diciendo;


[Bien hubiera querido, Excmo. Sr., presentar un cuadro digno de la importancia de la química analítica y de su poderoso influjo en la administración de justicia; pero si mis dotes insuficientes no han llenado cumplidamente su objeto, súplalo vuestra ilustración; y quépame siquiera el honor de haber llamado vuestra atención sobre una tésis, en que se apoya la justicia, como en esta la fortaleza del reino.]


Seguramente hoy D. Juan estará contento viendo a los niveles a los que ha llegado la ciencia, si pudiese viajar en el tiempo y decirle; -D. Juan no se atormente usted, llegará el momento en el que se encontrará a un criminal simplemente con una muestra de saliva-…seguramente le daría un “patatús”. Jejeje.

Estos apuntes pretenden recordar el trabajo en vida de Juan Sicilia y Gallego, el “boticario” de Abla, de hecho, todos sus descendientes llevaron y llevan ese apodo, Manuel Martínez o “Manolo el boticario” como lo conocemos en el pueblo es su bisnieto.

 


Lápida de D. Juan Sicilia y Gallego. Cementerio de Abla.
 
Juan Sicilia y Gallego murió en 1919 y fue enterrado en su pueblo, Abla. Aún hoy se conserva su lápida, cuando paso delante de ella siempre hago un inciso…este es el “boticario de Abla” y el C.S.I. de Abla.
 













Año 472. Abla, la tierra del Emperador. V·XI·MMXII


 
Pedestal de Avitiano, Abla.

 
“No hay más que una historia: La historia del hombre. Todas las historias nacionales no son más que capítulos de la mayor” Tagore


El estudio de una vida desconocida sobre una persona de la que solamente conocemos el nombre puede llevarnos a navegar por el laberinto de la historia con los remos partidos, sin timón, y con el único empuje de la corriente.

Comienzas a recoger datos sueltos, fechas, nombres y episodios que no suelen añadir nada más que múltiples líneas a ese laberinto.

Pero llega un momento en que empiezas a avanzar y logras dibujar el esquema no de una vida sino de un futuro, de una estirpe. Sigues sin saber nada de ese personaje pero sabes todo lo que hicieron sus descendientes y en el estudio de ellos pretendes vagamente que alguno recuerde a ese antepasado para iluminar tu investigación…resulta inútil, todos viven el momento y ninguno quiere o pretende recordar y dejar constancia de aquella vida, de aquel hombre.

Uno de los personajes más afamados de la historia de Abla es Lucius Alfenius Avitianus, de este personaje tenemos o tuvimos varias inscripciones que así nos lo recuerdan y que recuerdan el impresionante pasado romano de nuestro pueblo.

De él poco o nada sabemos, sabemos que vivió sus años de retiro en Abla a mediados del siglo II, probablemente su casa o villa estaba situada en “La Media Legua” la cual hasta hace poco algunos lugareños aún la denominaban “Villa Alfoniana”, y posiblemente el mausoleo romano de Abla tenga una estrecha relación con este personaje.

Con estos pocos datos se empiezan a recoger datos no de él sino de sus descendientes y aquí es donde la historia nos vuelve a sorprender.

Lucius Alfenius Avitianus tuvo un hijo llamado como él Lucius Alfenius Avitianus, nacido en el año 170 y fallecido después del 231, fue Cónsul suplente en el 213 y uno de los Hermanos Arvales en el 218, lo que índica una estrecha relación con el Emperador ya que éste presidia ese colegio sacerdotal. La primera curiosidad es que por la fecha de nacimiento lo más probable es que éste personaje naciera en Abla y después desarrollase su carrera en Roma.

Éste primer descendiente tuvo otro hijo al que llamó del mismo nombre, Lucius Alfenius Avitianus, nacido en el 200 y fallecido después del 241 se casó con Viria Juliana y de este enlace nació Lucius Alfenius Virius Julianus, del que se sabe que nació en el 230 y del que se desconoce el nombre de su esposa, pero si se conoce que tuvieron una hija nacida en el 265 a la que llamaron Alfenia Juliana.

Alfenia se casó con Caeonius Proculus, el cuál fue Cónsul en el 289, y de este enlace nació en el 285 Marcus Caeionius Julius Camenius, Pretor en el 333.

Marcus Caeionius tuvo en el 305 una hija a la que llamó Caeionia Auchenia, esta se casó con Amnius Manius Caesonius Nicomachus Anicius Paulinus, Cónsul y Prefecto de Roma en el 334. Tuvieron un hijo nacido en el 320, Anicius Auchenius Bassus, fue Procónsul en Campania en el 379 y Prefecto en el 382.

Anicius Auchenius se casó con Turrania Honorata y tuvieron dos hijos, una hija llamada Tyrrenia Anicia Julia y un hijo 18 años después del nacimiento de Tyrrenia llamado como su padre Anicius Auchenius Bassus.

Por un lado Tyrrenia se casó con Quintus Clodius Hermogenianus Olybrius, Cónsul en el 379, y tuvieron una hija en el 355 llamada Anicia Faltonia Proba, la cual se casó con Sextus Claudius Petronius Probus y de este enlace nacería un hijo, Anicius Hermogenianus Olybrius.

Por el otro lado el hermano de Tyrrenia, Anicius Auchenius Bassus fue Cónsul en el 408 y tuvo una hija llamada Anicia Juliana, la cuál como nota curiosa se casó con el nieto de su tía Tyrrenia, Anicius Hermogenianus Olybrius.

Del enlace de Anicia Juliana con Anicius Hermogenianus Olybrius, los dos descendientes de Lucius Alfenius Avitianus, nacería Flavius Anicius Olybrius, el cuál fue Emperador Romano de Occidente con la denominación de Dominus Noster Flavio Anicio Olibrio Augusto desde el 23 de marzo del 472 hasta el 23 de octubre del 472. 

 


Moneda del Emperador Olibrio


Fue Emperador unos meses pero fue Emperador, como nota curiosa hay que añadir que el Augusto Valentiniano III, descendiente del español Teodosio, sabedor que Olibrio pertenecía a una de las familias senatoriales más importantes de Roma arregló en el 454 su compromiso con la menor de sus hijas, Placidia.

En una etapa histórica convulsa como fue la inminente caída del Imperio Romano de Occidente hay otra nota curiosa que cabe destacar de este personaje…fue nombrado Emperador sin querer serlo.

Esta es una historia curiosa que no aclara nada sobre el hombre pero que escribe un capítulo, el de sus descendientes. 



“No hay rey que no haya tenido un esclavo entre sus antepasados, ni esclavo que no haya tenido un rey entre los suyos.” Helen Adams Keller
 
 
 
 
 
 
 

Abla 1629. De Sanctis Martyribvs. Cuando las órdenes tardaron en llegar. XXVIII·IV·MMXI



Santos Mártires Apolo, Isacio, Crotato y la Virgen del Buen Suceso


Este año de 2011 nos vamos a meter en el mes de mayo para celebrar el día de nuestros Patronos San Apolo, San Isacio y San Crotato, el cuál deberíamos haber celebrado el pasado jueves 21 de abril, pero todos sabemos que no pudo ser así por coincidir con el Jueves Santo, fecha esta última regida por el calendario lunar.

La Iglesia en un principio quiso ser fiel al evangelio que relata como la noche del Jueves Santo había luna llena, pues esa noche  Jesús celebró con sus discípulos la Pascua Judia, fiesta que conmemora la salida de los israelitas de Egipto cruzando el Mar Rojo y que se celebra en la primera luna llena después del equinoccio de marzo. 

Pero más tarde en el año 325, la iglesia reunida en el concilio de Nicea covocado por el emperador Constantino I, decidió que la fecha de la Semana Santa se regiría por el Domingo de Resurrección o Pascua de Resurrección la cuál se celebraría el primer domingo tras la primera luna llena después del equinoccio de primavera, y si por casualidad coincidía con la Pascua Judía debía ser cambiado al domingo siguiente. Esto hace que algunas fechas se muevan cada año, el Miércoles de Ceniza, Pentecostés, la Ascensión del Señor y la fiesta de Cristo rey.


Constantino I el Grande


Y esto hace que nuestras fiestras patronales puedan cambiar y realmente es el único motivo por el que deben cambiar si así sucediese, pero lo realmente curioso es que las primeras fiestas que celebró Abla a sus Patronos en 1629 no coincideron con la Semana Santa ya que el Jueves Santo cayó en 12 de abril y en principio podrían haberse celebrado el 21, pero aún así tuvieron que celebrarse en mayo como nos va a suceder este año, para comprender el motivo os invito a leer la transcripción del Mandamiento Episcopal que nombra a nuestros Santos Mártires Patronos de Abla, dice así;
  
Nos, don fray Juan de Araoz, por la gracia de Dios y de la Santa Iglesia de Roma, obispo de Guadix y Baza, predicador de su majestad y de su Consejo.

A los venerables hermanos nuestros deán y Cabildo de nuestra Santa Iglesia Catedral de Guadix, al abad y Cabildo de nuestra Santa Iglesia Colegial de Baza, y a todos los curas, beneficiados, capellanes, sacerdotes, clérigos y demás súbditos nuestros de toda nuestra Diócesis, eclesiásticos cómo seglares, salud en nuestro señor Jesucristo.


Hacemos saber que por un memorial impreso que el señor marqués de Estepa, varón nobilísimo, de virtud conocida y probada, docto en buenas letras, celosísimo escudriñador de verdades así divinas como humanas que la antigüedad de los tiempos tiene oscurecidas y sujetas a variedad de opiniones, en el cuál nos daba noticia de que los santos mártires Apolo, Isacio y Crotato, de quién el Calendario Romano hace mención a veintiuno de abril, y el Menologio Griego en el mismo día, y que como ambos dicen padecieron en el Imperio de Diocleciano, y que como Flavio Dextro dice que padecieron en España en la villa de Abla que es cerca de Guadix, diciéndonos que tenía por cierto que estaban allí sus santas reliquias y pidiéndonos que a como santos propios de nuestro Obispado se celebrasen en su día y se rezase su oficio, medio con el que Dios se glorificaría en sus santas reliquias.

Y nos, cargando nuestro pensamiento en caso tan grave y tan de nuestra obligación y en el espíritu, afecto y devoción de tan gran persona, movido sólo de tan gloriosos fines, con gozo interior y alegría de nuestro espíritu tratamos de poner en efecto tan justa petición, juzgando ser más voces del cielo que medios humanos.

Y para proceder en este caso con pasos maduros, que son los que los sacros cánones y concilios nos enseñan, presupuesto que de la santidad y glorioso martirio de estos santos nos hacen cierto el Martirologio Romano y el Menologio Griego y el día en que perecieron, sólo para averiguar si fue en el lugar de Abla como dice Flavio Dextro, que es en nuestro Obispado y si se podían descubrir sus santas reliquias, no pudiendo hacer las diligencias convenientes por nuestra persona, como quisiéramos, por estar ocupado en esta ciudad de Granada en la defensa de nuestra Iglesia, dimos nuestra comisión, y toda nuestra autoridad, que para este caso se requería, a tres de nuestros hermanos, dignidades de nuestra Santa Iglesia de Guadix, al arcediano, maestrescuela y chantre de ella, hombres doctos, doctores en santa teología y sagrados cánones, versados en todas las ciencias humanas, a cuyas personas se pueden fiar cosas tan graves, ordenándoles que fuesen al dicho lugar de Abla, o a cualquier otra parte que fuese menester, y ante notario apostólico inquiriesen e hiciesen averiguación de si en la dicha villa de Abla, donde se dice haber padecido los gloriosos mártires San Apolo, San Isacio y San Crotato, había algunos vestigios, ruinas, escritos, piedras o tradición alguna de haber sido lugar populoso de romanos, que fue el tiempo en que estos santos padecieron, y de su martirio o de sus santas reliquias.

Y habiendo ido y hecho cuantas diligencias se pudieron, tomando muchos testigos ancianos, leyendo letras estampadas en piedras, viendo con sus ojos todos los puestos donde podía inferirse lo que se deseaba y buscaba, de todo hallaron, y actuaron ante el dicho notario, que la dicha villa de Abla fue lugar populoso de los romanos, donde tenían guarnición de muchos soldados, por muchas ruinas que se descubrieron y piedras escritas que lo manifiestan, y ser verosímil que allí padecieron martirio estos gloriosos santos como dice Flavio Dextro, y el puesto donde parece ser que padecieron o fueron colocadas o enterradas sus santas reliquias por haber visto muchas personas en los tiempos pasados y presentes muchas luces de noche y de día, como hachas encendidas que yéndolas a buscar desaparecían, y muchas apariciones como de personas blancas y hermosas, algunas veces tres juntas y otras dos y otras una, en diferentes tiempos, y por haberse oído músicas celestiales diciendo letanías con nombres de otros santos de los que contiene la letanía de la Iglesia, y porque el dicho puesto donde hay indicios de que allí padecieron o están las santas reliquias de estos santos mártires ha sido preservado de los rigores de los elementos sin que se haya allí langosta, granizo ni tempestad que ofenda a los frutos, padeciendo los lugares circundantes todas estas plagas.

Y así, movidos por las relaciones de cosas tan maravillosas y tan exactas y cuidadosamente averiguadas, habiéndolo conferido con el ilustrísimo señor cardenal Spínola, arzobispo de esta ciudad de Granada, y con otros muchos varones doctos y religiosos de esta ciudad y tomado el parecer y consentimiento de los venerables hermanos nuestros deán y Cabildo de nuestra Santa Iglesia de Guadix, y habiendo dado cuenta al abad y Cabildo de nuestra Santa Iglesia Colegial de Baza:

Mandamos que a gloria y honra de Dios nuestro señor y de sus santos mártires San Apolo, San Isacio y San Crotato, como santos que tenemos por cierto padecieron glorioso martirio en nuestro Obispado y son por esta razón patronos y defensores de él, que en él, de hoy más para siempre jamás en todos los siglos venideros, se les haga fiesta que sea de guardar en la dicha villa de Abla y allí se celebren con cuanta solemnidad se pueda, rezándose como patronos doble de primera clase, y en todas las demás iglesias, así en la Catedral de Guadix como en la Colegial de Baza y en todas las demás parroquiales, conventos de religiosos y religiosas de cualquier orden que sean de nuestro Obispado se rece doble de tercera clase, todos los años perpetuamente desde las primeras vísperas de veinte de abril hasta todo el día siguiente veintiuno del dicho mes que es en el que gloriosamente padecieron estos santos mártires triunfando de los tiranos de la tierra y de todo el infierno, entrando gloriosamente en el cielo.

Y porque este presente año de mil seiscientos veintinueve no se ha podido celebrar esta festividad en los dichos días veinte y veintiuno de abril, mandamos se haga la fiesta con la solemnidad que se pudiere en la dicha villa de Abla y todas las iglesias de nuestro Obispado el jueves que se contarán diez días de mayo próximo que vendrá, empezando las vísperas del nueve de dicho mes de mayo, según y como va mandando y dispuesto en este nuestro mandamiento, lo cuál encargamos y rogamos que nuestros hermanos deán y Cabildo de nuestra Santa Iglesia de Guadix así lo cumplan, y mandamos a los demás sacerdotes y clérigos de la dicha nuestra Santa Iglesia que lo cumplan como en nuestro mandamiento se contiene.

También mandamos que aquel lugar en que Dios ha querido mostrar con tan singulares señales, que padecieron sus santos o estuvieron sus santas reliquias, se tengan de aquí en adelante en gran veneración y se reverencien como lugares de oración, donde Dios tiene singular concurso. Y en tanto que allí se edifica iglesia o ermita se pongan cruces y se procure que como lugar santo de ninguna manera se profane.

Y exhortamos y encargamos a todos los fieles súbditos nuestros tengan por singulares devotos a estos gloriosos santos y pidan a nuestro señor por su intercesión nos acabe de descubrir el tesoro de sus santas reliquias y nos dé gracia para que le sirvamos en esta vida y vamos a gozarle en la otra como ellos le gozan.

Y de la notificación y cumplimiento se nos dé aviso con toda brevedad.

Dada en Granada a dieciocho de abril de mil seiscientos veintinueve.

Fray Juan, obispo de Guadix.

Por mandato del obispo mi señor, el licenciado Damián Jiménez Castellanos, secretario.
[Archivo Histórico Diocesano de Guadix, carpeta 3391]



Santos Mártires Isacio, Apolo y Crotato [de izq a derec]
Capilla de la Virgen de la Esperanza, Catedral de Guadix



Curiosamente las primeras fiestas de Abla se celebraron el nueve y diez de mayo de 1629 por un motivo que el mismo obispo reconocía al redactar el Mandamiento [Y porque este presente año de mil seiscientos veintinueve no se ha podido celebrar esta festividad] sabedor que cuando se recibiese el mandato en las parroquias del Obispado y en Abla ya habrían pasado días desde la redacción del mismo el 18 de abril. Sabedor que en 1629 había un problema que hoy no tenemos, las comunicaciones.

Y aunque ese año de 1629 tuvimos que celebrar las fiestas en mayo, aunque desde ese año en que era rey de España Felipe IV, Sumo Pontífice Urbano VIII y Arzobispo de Granada Agustín de Spínola Bassadone ha llovido mucho, creo que hemos cumplido con lo que se nos encomendó, construimos una ermita para nuestros mártires, decidimos que nuestros muertos debían descansar junto a ellos, decidimos celebrar otras fiestas en verano para que nuestros paisanos que tuvieron que emigrar pudieran conmemorar también a sus Patronos y estos días de abril fueron y son los más grandes para todos los abulenses, y si Dios quiere y la luna así lo desea, seguirá siendo así [de hoy más para siempre jamás en todos los siglos venideros]



Ermita de los Santos Mártires, Abla



¡Felices Fiestas Patronales!





Abla 1953. Unas manos, un Cristo. VII·IV·MMXI

Cristo de la Paz con su autor


Corría el año 1943 cuando con tan sólo catorce años había comenzado a trabajar como aprendiz en la sección de escultura en los Talleres de Arte Granda, hoy en Alcalá de Henares, Madrid, una de las casas de arte religioso más grandes de España. Dos años antes había fallecido su padre, D. José Villa, escultor imaginero que trabajaba como encargado de la sección de escultura de estos mismos talleres, y quizás por ello y desde el principio, Félix Granda, el fundador de Arte Granda, había ejercido en él casi labores de tutor por la amistad personal que tenía con su padre. En este mismo taller sería donde conoció a Juan Barjola y a Eduardo Capa.


Félix Granda, 1868-1954

Ya con dieciocho años decidió compaginar su trabajo con las clases de dibujo al natural que se impartían en el Círculo de Bellas Artes, donde disfrutó de la condición de becario durante cuatro años y comenzó también entonces a presentarse a concursos como la Exposición de Pintores y Escultores de África, donde consiguió una medalla en dibujo y escultura, además de un viaje a Marruecos.

Cumplida la edad de veintidós años había alcanzado ya el mismo nivel de oficio que el resto de la plantilla de escultores, todos ellos mayores que él y formados en la Escuela de Bellas Artes. Finalmente, decidió abandonar el taller debido a las luchas internas en la sección, "donde le hacían la guerra sus compañeros escultores", quizás a causa de la especial atención que le dedicaba Félix Granda.

Por otro lado es en el Círculo de Bellas Artes donde había entrado en contacto con parte de los artistas de su generación. Coincidió allí con compañeros como Alcorlo, Lapayese, Ávalos, Pernias, Benítez, los hermanos López Hernández, Antonio López, Higinio Vázquez, José Ortega, Pablo Núñez, Cristino Vera y Julio Álvarez.

Contaba los veinticuatro años cuando Julio Álvarez, en calidad de organizador junto a Juan Genovés, Adela Parrondo y Ángel Duarte, le invitó a participar en la Primera Exposición de Primavera al Aire Libre, celebrada en mayo de 1953 en la Casa del Pobre y del Rico de los Jardines del Retiro madrileño. Conoció, con ocasión de este certamen, a sus primeros compradores: el neurocirujano José Ramón Boixadós, que le compró la talla en madera Eva, y la escritora Francisca Sáenz de Tejada –autora, bajo el seudónimo de Gracián Quijano o el Padre Pareja, de la serie "Tres en Uno" en la popular revista Chicos–, que le compra una maternidad en madera.

Es en esta exposición donde surge una relación de amistad con el citado José Ramón Boixadós y con un colega de profesión que le acompañaba llamado Joaquín Martínez Piqueras y sería este último el que le expondría su deseo y el de su hermana Casilda de encargar una escultura especial, una escultura que debía ser un Cristo, un Cristo que deseaban para Abla, en Almería, su pueblo natal, una escultura que iba a ser la primera obra por encargo de su vida.

Respondiendo a esa invitación, lo primero que hizo el escultor fue un boceto: un pequeño Cristo en madera de abedul, hoy en paradero desconocido, que, al ser del agrado de Casilda, amante de la escultura religiosa y devota cristiana, resultó decisivo para seguir adelante con el encargo, además de constituir la simiente de una duradera amistad.

Le encargaron entonces la figura, que acordaron que fuera de 1,70 m de altura y en buena madera, con objeto de que perdurara en el tiempo y que la pieza no fuera policromada, pudiendo así apreciar la veta y el color natural de la misma. En el taller de un ebanista amigo, escogió personalmente unos tablones de nogal, madera de muy buena calidad: sin nudos, de buena veta y bien seca, que costo 10.000 pesetas, de las de entonces. Ilusionado por realizar esta su primera obra de encargo, que podría firmar como autor, no miró mucho el dinero. La obra costó en total 32.000 pesetas. En un mes largo había conseguido que aquellos tablones, destinados a ser un mueble, de madera dura pero noble y dócil a la gubia, desvelaran la imagen que él había imaginado. Había imaginado a Nuestro Señor Jesucristo muerto, con la lanzada en el costado y aún en la cruz. Al término, la familia Piqueras visitó su taller para ver la imagen; impresionados, comentaron que "además de hermosa, era muy sentida en lo religioso".

Autor, en su taller ultimando la obra


Llevó consigo la escultura en tren hasta Guadix, donde le esperaba un camión contratado por Joaquín Piqueras para transportarla hasta Abla. El conductor, al cargar la imagen, se emocionó al sentir un temblor en sus rudas manos; “y esto que cuento no es literatura ni fantasía” relataría el autor.

Fue esta su primera visita a Abla, a la que siguieron otras, invitado por sus mecenas y amigos, Casilda y Joaquín Martínez Piqueras. Ya les uniría una amistad duradera hasta la muerte de los hermanos Piqueras, 2008 en el caso de Joaquín y 2001 en el caso de Casilda.


Joaquín Martínez Piqueras y el escultor, Abla 1954 

Ese Cristo que llegaba a Abla sería el Cristo de la Paz, y ya nunca abandonaría el pueblo.

Cristo de la Paz, fachada de la iglesia de La Anunciación


Una firma en el talón derecho del Cristo, autentifica la obra y otra marca en el anverso del cuerpo de la cruz nos recuerda también al autor.


Firmas de autor

El protagonista de esta historia es el escultor Antonio Villa de Isidro, nacido el 14 de febrero de 1929 y que hoy 82 años después mantiene su dedicación a la escultura y el dibujo.

Aún siendo el autor no sólo del Cristo de la Paz, sino también del San José policromado que hay en el altar mayor de nuestra iglesia parroquial, lamentablemente es un desconocido para la mayoría de nuestros paisanos.


San José policromado

Este pequeño relato histórico permite conocer un poco más la importancia artística del Cristo de la Paz, y estas pequeñas pinceladas de la vida del autor nos permite conocer al mismo, cuya trayectoria humana y profesional es realmente impresionante, la cual, he querido detener en el momento de la composición del Cristo, pero que será conocida en su totalidad por todos los abulenses próximamente en el marco de la exposición Martyrium.

La amistad surgida entre la familia Piqueras y Antonio Villa llegó hasta el punto de que ambos hermanos fueron los padrinos del hijo de Antonio, Joaquín Villa.


Casilda y Joaquín Martinez Piqueras, padrinos de Joaquín Villa


Este año, 52 años después de que el Cristo entrara en el templo de Abla, la fusión de Cofradías de Abla, ha decidido crear la Hermandad o Cofradía del Cristo de la Paz, con el objetivo de hacer una procesión con él tras la Hora Santa del Jueves Santo por calles de nuestro municipio, que actualmente no entraban  en el circuito de las procesiones más significativas de la Semana Santa abulense, un acto de estación de penitencia cuya característica principal será el “Silencio.

Posiblemente, después de acompañar a esta maravillosa obra de arte por las calles del pueblo, sin luz, alumbrados con fuego y en silencio absoluto, el sentimiento general de los abulenses será el mismo que pudo sentir el autor cuando realizo su obra...Paz


Cartel Semana Santa, Abla 2011


Agradezco el trato amable, cariñoso y constante recibido por D. Antonio y por su hijo D. Joaquín Villa.

Igualmente he de destacar la labor de investigación realizada por la Parroquia de La Anunciación de Abla sin la cuál hubiese sido imposible localizar al autor. 

Y deseamos que esas manos que un día crearon una parte de nuestro patrimonio histórico, cultural y religioso, vuelvan a sentir el tacto de esa obra que usted, D. Antonio Villa de Isidro imaginó, de madera dura pero noble y dócil a la gubia.



Abla y Abrucena. La guerra de los 300 años. XVI·III·MMXI


Desavenencia y rompimiento de la paz entre dos o más potencias.
Lucha armada entre dos o más naciones o entre bandos de una misma nación.
Pugna entre personas.
Lucha o combate, aunque sea en sentido moral.
Oposición de una cosa con otra.

Con estas frases define la Real Academia Española la palabra “guerra”, frases que resumen perfectamente los hechos acontecidos entre las  poblaciones vecinas de Abla y Abrucena hace ya bastantes años.

Corría el año 1273, según las principales fuentes, cuando los vecinos de Abla y Abrucena compraron los derechos del agua procedente de Sierra Nevada al rey de Granada Muhammad I. Sin detenernos demasiado en si el rey podría haber sido Muhammad I o su hijo Muhammad II, pues en ese mismo año reinaron los dos, daremos por cierto el año de 1273, y como rey a Muhammad I pues también coincidiría con la otra posible fecha de la compra que en alguna fuente se produjo en 1267.

Muhammad I

Aunque la compra del agua se hizo conjunta, el enfrentamiento entre los dos pueblos no tardaría en empezar y no sería hasta enero de 1356 cuando se firmaría por escrito el reparto del agua quedando para Abla un tercio de la misma y para Abrucena los dos tercios restantes.
Este acuerdo fue ratificado en 1385, 1386, 1409 y en 1420 dejando bien claro los reyes Muhammad V, Yusuf III y Muhammad IX respectivamente que este reparto debía respetarse siempre.

Los problemas comenzaron por un motivo bien sencillo, la situación de Abrucena es más elevada a la de Abla y esto les permitía tener el control total del flujo de agua procedente de Sierra Nevada que iba hacía Abla.

Abla en primer plano, al fondo Abrucena

Tras la reconquista en 1494 se le concede a Guadix la facultad de elegir “alcaides de las aguas” cada año, los pleitos serían vistos por estos alcaides y si no había acuerdo se podría apelar a la Chancillería de Granada donde había un tribunal de las aguas que se crearía más tarde, concretamente en 1501.

En 1527 volvieron a surgir los enfrentamientos entre los dos pueblos ya que los vecinos de Abrucena cortaron el agua que le pertenecía a Abla por derecho.
Entonces en enero de ese año el emperador Carlos V ordenó a las justicias de Guadix que se respetara el concierto entre los dos pueblos.

La resolución del alcaide mayor de Guadix, Melchor de la Plaza, fue ordenar que los vecinos de Abrucena dejaran correr el agua para que Abla regara y si no obedecían les sería impuesta una multa de 5.000 maravedíes para cada vecino que se negara.
Los de Abrucena se negaron y argumentaron que el tercio del río sólo les pertenecía a los abulenses durante los meses de marzo, abril y mayo, y pidieron elevar el caso hasta Granada.
Por su parte los vecinos de Abla expusieron que todas aquellas argucias legales sólo pretendían retrasar la llegada del agua a sus cultivos y que la población tampoco tenía ya agua para sus necesidades, pidieron expresamente que se aplicara justicia para evitar que se perdieran las cosechas, y frenar males mayores como enfrentamientos y muertes entre los habitantes de los dos pueblos.

El juez y las autoridades alarmados se trasladaron al partidor del agua en Abrucena y obligaron a dar agua a Abla, también les comunicó a las partes que el caso sería otra vez tratado por los alcaides de las aguas de Guadix y que si no estaban conformes con la resolución podrían apelar a la Chancillería.
Los abulenses redactaron entonces un escrito a los alcaides de las aguas de Guadix aportando todos los datos y documentos sobre los derechos que tenían sobre el tercio del agua, aparte solicitaron que les fuesen pagados los daños y pérdidas de sus cosechas que ascendían a 50.000 maravedíes, los de Abrucena por su parte dijeron que no estaban de acuerdo con esas peticiones y que sólo querían elevar el caso a la Chancillería de Granada.

En el juicio quedó demostrado que el agua había sido comprada por ambos pueblos al rey de Granada en 1267 o en 1273 y que en 1356 habían acordado que un tercio sería para Abla y dos tercios para Abrucena.

En las declaraciones se puede ver la diferencia de criterio entre los testigos de Abla y los de Abrucena. Por ejemplo Francisco Zenzen declaró que Abla tenía derecho al tercio del agua;
  • [...ansy dende que comenzaba de regar los trigos y cebadas como quando regavan los panizos e alcandías...]
Por su parte Benito de Hoya explicó que el reparto sólo se hacía;
  • [...por el tiempo del Ayerva ques en marzo e abril e mayo e que no se acuerda della en otro tiempo...]
Y así todas las declaraciones se fueron declinando hacía una parte u otra según fuese el pueblo de orígen del testigo, con la única certeza que a Abla le pertenecía el tercio del agua pero sin llegar a dilucidar si era durante todo el año o solamente durante esos tres meses.

Sin embargo, a pesar de que el caso estaba claro por la existencia del concierto de 1356, los vecinos de Abrucena no cesaron en su empeño de secar literalmente a Abla. Ambas poblaciones tuvieron enfrentamientos graves pues no sólo se cortó varias veces el agua de regadío sino que asimismo cortaron el agua para beber. Esta situación motivó que los abulenses tuvieran que reaccionar de una forma contundente en vista de que la justicia llegaba tarde, mal y nunca.

Podemos ver testimonios tan escalofriantes como el siguiente que muestra hasta que punto llegó la situación entre los dos pueblos,  Gastón de Caizedo dice así;
  • [...en un día de este mes de mayo y como presente vinieron las partes contrarias con gran grito y alboroto desde el lugar de Abla armados unos con piedras y otros con azadones y otros con palos y otros con hachas, y diciendo mueran, mueran los de Abrucena, y llegaron al lugar de Abrucena...]
Incluso otro testimonio relataría como cierta vez los de Abla se llevaron el agua junto con varios rehenes de Abrucena para que no la cortaran y evitar también ser atacados.

Los conflictos continuaron en 1532 y en 1533 hasta que por fin para evitar los continuos enfrentamientos y recursos contra las decisiones de los jueces, tuvieron que trasladarse éstos al partidor del agua y efectuar ellos mismos el reparto.
Y no debieron  solucionarse por completo los conflictos pues más de 200 años después, en 1751, el abulense Manuel de Bazán relatará los litigios contra el Concejo de Abrucena por lo mismo...por el agua, aunque ni mucho menos de la gravedad de los hechos acontecidos entre 1273 y 1533.


Archivo de Bazanes, fragmento

El agua, ese bien que es el más preciado por el hombre, ese bien que motivó la desavenencia y rompimiento de la paz entre Abla y Abrucena, ese bien que provocó la lucha armada entre Abla y Abrucena, ese bien que ocasionó una pugna entre vecinos, ese bien que declaró una guerra, una guerra que duró casi 300 años.