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Craso error. XXV·I·MMXIII

 
[La ciudad de Roma fue a su principio gobernada por reyes. Lucio Bruto introdujo la libertad y el consulado. Las dictaduras se tomaban por tiempo limitado, y el poderío de los diez varones, no pasó de dos años, ni la autoridad consular de los tribunos militares duró mucho. No fue largo el señorío de Cinna, ni el de Sila, y la potencia de Pompeyo y Craso tuvo fin en César, como las armas de Antonio y Lépido en Augusto, el cual, debajo del nombre de príncipe se apoderó de todo el Estado, exhausto y cansado con las discordias civiles.] Tácito. Annales libro I.

Así comienza la obra “Annales” donde su autor, Tácito, resume en estas pocas líneas casi 800 años de historia romana, desde su fundación hasta el fin de la Républica.

Pero, casi ocho siglos dan para muchas historias, por ello, hoy me voy a centrar en un episodio concreto, sucedido cuando la República agonizaba, fruto de la desmesurada ambición de sus gobernantes.

Actualmente, cuando queremos hacer mención a una gran equivocación o equivocación fatal solemos utilizar la expresión “craso error”. Cuya traducción es error gordo o grueso error. Pero, como es sabido, toda buena expresión que procede del latín suele tener una historia o más bien una moraleja detrás, que hace que la expresión se perpetúe por los siglos hasta llegar a nosotros.

En este caso, esta expresión hace referencia a un hecho histórico que mezcla avaricia, ambición y superstición, en una época donde algunos hombres pretendían ser dioses.

Entre el año 61 y 53 a.C. una alianza secreta entre tres hombres gobernó Roma. Los personajes en cuestión fueron Cneo Pompeyo Magno, Cayo Julio César y Marco Licinio Craso, formando lo que los historiadores llamaron posteriormente, el primer Triunvirato.

Por una parte, el general Pompeyo, partidario de los optimates o conservadores, era tremendamente respetado por el Senado y por el pueblo, gracias a sus victorias sobre los piratas que interrumpían el comercio en el Mediterráneo y también por derrotar al rey del Ponto y archienemigo de Roma, Mitrídates VI, pero para su sorpresa, el Senado, con una mayoría conservadora, le negó el reparto de tierras entre sus veteranos de guerra, a los que había licenciado con la intención de eliminar las suspicacias que parecían indicar entre los senadores, que un hombre tan respetado por el ejército como lo era él, no se iba a limitar con lo conseguido. 
 

Cneo Pompeyo Magno

Pompeyo, al analizar la negativa del Senado, decidió buscar apoyos en la otra clase senatorial, los demócratas o populares, logrando pactar con dos de ellos, Craso y César.

Marco Licinio Craso era el hombre más rico de Roma. Como militar sólo destacó por acabar con la revuelta de esclavos capitaneada por Espartaco, pero esta victoria lejos de encumbrarlo de gloria, aumentó aún más su impopularidad, ya que era conocida por el pueblo su notable avaricia, y por todos lados corrió la noticia de que había comandado al ejército porque su principal fuente de ingresos era el trato de esclavos, noticia que no era totalmente veraz, ya que su principal fuente de ingresos era la especulación urbanística mediante el uso de sus brigadas de bomberos, y explico, este personaje solía enviar a sus “matones” a incendiar edificios, luego, cuando el edificio estaba ardiendo se presentaba con su brigada de bomberos, y le ofrecía a los propietarios apagar el fuego por una desmesurada cantidad de dinero, si los propietarios se negaban dejaba arder el edificio, comprando luego el solar a un precio irrisorio, de una manera u otra, Craso siempre ganaba.

Craso vio en el interés de Pompeyo, por una parte, una manera de limpiar su reputación al ser amigo del hombre más querido de Roma, y por otra, la posibilidad de conseguir gobernar una Provincia, lo que le haría ser aún más rico, lejos de Roma y de sus comentarios.
 
 
Marco Licinio Craso

El tercer hombre, Julio César, el político, había sido elegido por ambos como un títere para convencer a los senadores para que aprobaran lo que ellos quisieran, dada la buena reputación de este, quién no se había amedrentado ante el dictador Sila, como vimos en otra entrada. César por su parte necesitaba el dinero de Craso y la excelente reputación de Pompeyo para conseguir una campaña militar que terminara de afianzarlo como general más que como político.

Para fortalecer su acuerdo, la hija de César, Julia, se casó con Pompeyo.

Hecho el acuerdo entre los tres, Pompeyo el general, Craso el economista y César el político, parecía que Roma sería controlada perfectamente, y de hecho así fue, hasta que la ambición de los tres les llevó a la ruina.

Marco Licinio Craso consiguió su ansiada Provincia en noviembre del 55 a.C.

Le concedieron la rica Siria, donde recaudó a su gusto cuanto quiso, harto de dinero decidió emprender una campaña militar contra los partos, campaña para la que preparó siete legiones. Se adentró en Junio del 53 en Partia, pero los partos rehuyeron el enfrentamiento y dejaron que se adentrase en el desierto más y más hasta que cerca Carras, su ejército compuesto por 39.000 efectivos fue exterminado por un muy inferior ejército de partos. El hijo de Craso pereció en la batalla y él mismo moriría en una escaramuza al día siguiente.

Las noticias llegaron a Roma de forma sesgada y manipulada por los detractores de Craso, estos empezaron a decir que los partos lo habían capturado vivo y que le habían hecho tragar oro fundido como símbolo de su desmesurada avaricia. Pero lo más llamativo es que empezaron a utilizar la expresión “Crassus errare”, el error de Craso. Craso efectivamente había invadido Partia, pero sin el consentimiento del Senado, algo que era considerado un sacrilegio hacia los Dioses, de hecho, aunque no en la práctica, estaba totalmente prohibido invadir otros pueblos si no había una excusa para hacerlo, decimos no en la práctica, porque lo que habitualmente hacían los romanos era facilitar la provocación, como ya vimos en la entrada correspondiente a las guerras púnicas.

Craso se lanzó a la guerra sin tan siquiera provocar un motivo. Craso error, Craso.

 
Imperio Parto

Un año antes de estos sucesos, Julia la hija de César y esposa de Pompeyo, murió en el parto, y el hijo que llevaba dentro también, este trágico suceso, no supuso en un primer momento una ruptura entre estos dos personajes, pero las notables victorias de César en las Galias, debilitaron la unión de ambos, pues los optimates vieron en Pompeyo al hombre que pararía a César, o como algunos senadores comentaban, el menor de los males. César venció definitivamente a los galos en la batalla de Alesia, en el 52 a. C. habiendo derrotado con 40.000 romanos a medio millón de galos, algo que resonó en Roma de una forma contundente. Por su parte, como ya vimos en otra entrada, el Senado con Pompeyo al frente, exigieron que César licenciara sus legiones y regresara para dar cuentas. César sabedor de que le iban a juzgar, ya sin los sobornos de Craso, decidió dar un Golpe de Estado contra la República.
El error de los senadores fue que al ver que César había cruzado el Rubicón y se dirigía a Roma, abandonaron la ciudad y su tesoro. El abandonar la ciudad no fue perdonado por los romanos y el dejar el tesoro en manos de César, pues se pueden imaginar ustedes. Craso error, señores senadores.

Pompeyo se dirigió a Grecia, donde pensó, podría reorganizar un ejército capaz de derrocar a César. Lo reorganizó, pero fue aplastado en la batalla de Farsalia el 9 de agosto del 48 a.C.

Derrotado, Pompeyo se marchó a Egipto, donde pensó que el rey Ptolomeo XIII, brindaría su apoyo al hombre más importante de Roma. Pero los consejeros, comandados por el eunuco Potino, aconsejaron al joven rey que el hombre más importante de Roma era ya César, no Pompeyo, y que si le hacían un favor especial a César, este les ayudaría en la guerra dinástica que había entre el rey y su hermana Cleopatra VII, por lo que, traicioneramente, nada más desembarcar este en la costa egipcia fue asesinado y su cabeza entregada al rey. Esto sucedió el 28 de septiembre del 48 a.C.
Pompeyo pensó que aún era el hombre más importante de Roma y que las noticias de su derrota ante César un mes antes aún no habrían llegado a Egipto. Craso error, Pompeyo.
 
Cuando César llegó a Egipto y se presentó ante el rey, le fue entregada la cabeza de Pompeyo. Al contrario de lo que pudieran esperar los egipcios, César lloró amargamente ante la cabeza de su rival, y ejecutó a todos los que participaron en el asesinato, luego pactó con la hermana de Ptolomeo, Cleopatra, a la que subió al trono de Egipto. Ptolomeo se sublevó ante la decisión de César, pero fue derrotado en Alejandría y mientras huía se ahogó en el rio Nilo.

Ptolomeo, aconsejado por Potino, pensó que César estaría contento con el asesinato de Pompeyo, pero no contaban con algo que César era antes que un buen rival, un mejor patriota. César no podía perdonar que un grupo de provincianos egipcios asesinaran a uno de los más grandes generales de Roma cobardemente.

Y se les escapó otro detalle, Pompeyo era su yerno. Craso error Potino, Craso error Ptolomeo.

Julio César

Julio César murió asesinado por un grupo de senadores el 15 de marzo del 44 a.C., sobre su muerte se han escrito ríos de tinta, pero hay una curiosidad histórica que creo debe ser tenida en cuenta en este artículo.

Este día, los idus de marzo, no había sido seleccionado al azar.
César había sido nombrado dictador por diez años, teniendo como subordinados a todos los magistrados. Además, se le autorizó ser cónsul cuantos años desease, también, le ofrecieron el cargo de dictador de por vida, y le permitieron redactar leyes sin la necesidad de aprobación senatorial. Por fin, por si fuera poco, lo nombraron luego tribuno de la plebe y le erigieron una estatua en el templo de Júpiter.

Entonces, ¿por qué no lo mataron antes? ¿Qué detonó esa decisión precisamente ese día?

Pues aquí entra en juego otro factor, la superstición.

Los libros sibilinos eran una recopilación de profecías sobre el futuro del mundo que eran custodiados por los quindecenviros, los únicos autorizados para consultarlos, bajo petición del Senado y ante una grave amenaza o ante una gran campaña militar que pudiese poner en riesgo a Roma. Sucedió entonces que comenzó a filtrarse una profecía de los libros que decía; 
 
“Sólo un rey conseguirá doblegar a los partos”.

Se piensa que ese rumor fue lanzado por Lucio Aurelio Cota, tío de César, y que en ese momento era uno de los quindecenviros. Cota pensó, que filtrando la profecía, prepararía al pueblo y obligaría al Senado a nombrar a su sobrino Rex Romanorum de una vez por todas. Pero sucedió todo lo contrario, pues el Senado conspiró para asesinar a César el día que este iba a anunciar la campaña contra los partos, el 15 de marzo, campaña que pretendía comenzar a preparar el 18 de ese mismo mes. Cota pensó que una filtración de ese tipo amedrentaría al Senado, no esperaba que el miedo al poder de César fuese superior al ansia de conquistar Partia. Craso error, Cota.
Julio César previamente a su asesinato había comentado varias veces que él creía en la República, pero que esta necesitaba un líder supremo, un rey. Las repúblicas no tienen rey, César. Craso error, César.
El Senado pensó que acabando con César, la República estaba salvada. Craso error, la República llevaba ya bastantes años muerta.

Y lo más curioso de esta historia es que, los protagonistas directos en el caso de Craso, e indirectos en el de César, los partos, fueron doblegados efectivamente por un rey, como decían los libros sibilinos, el rey fue el Emperador de orígen hispano Trajano, pero 160 años después de todos estos errores.

 
Trajano

Como resumió Tácito, un joven de 19 años llamado Octavio Augusto, debajo del nombre de príncipe se apoderó de todo el Estado, exhausto y cansado con las discordias civiles, y un poquito harto de tanto craso error.










Huelga General en Roma. XXX·XI·MMXII


En los tiempos que corren es habitual ver casi todos los días a algún sector de la economía española y europea en huelga, de hecho también la convocatoria de una Huelga General no parece tan especial ni tan extraña y seguramente no repercuta tanto como se podría esperar en la actividad de un país. También es apreciable que lo único en lo que se suelen centrar los medios de comunicación, Gobierno y Sindicatos tras la jornada de huelga es en una guerra de cifras sobre si ha sido más o menos secundada.

En mi modesta opinión esto sucede porque hoy en día la huelga como tal no produce el efecto que si producía en la antigüedad, no en los gobernantes sino en el pueblo o mejor dicho en la conciencia del mismo. Literalmente los antiguos romanos eran capaces de paralizar el mundo no por un día sino por el tiempo necesario hasta conseguir sus objetivos. Esta es la nota de distinción de los romanos, ellos sabían que unidos movían el mundo a su antojo, cuando la plebe reclamaba algo a las clases pudientes o patricios, estos últimos sabían que o cedían o Roma se hundía.

En este blog se suele hablar de grandes generales y grandes gestas pero realmente los grandes cambios en la sociedad democrática romana estuvieron estrechamente ligados a las importantes movilizaciones del pueblo llano o plebeyo, esto fue realmente lo que hizo que aquella primitiva aldea de pastores en poco tiempo fuese dueña, señora y capital del mundo.

En el 494 a.C. Tan sólo 15 años después de la proclamación de la República, Roma se sentía amenazada por los ecuos y los volscos y deseaba levantar un ejército. Al mismo tiempo, había una crisis económica y muchos plebeyos se encontraban endeudados, casualmente como ahora. Lo curioso es que según la ley romana de aquellos tiempos, el impago de la deuda transformaba al deudor en esclavo del acreedor. Entonces los plebeyos sabiendo que era su oportunidad si querían conseguir algo se negaron a integrarse en el ejército a menos que esa ley cambiara.


Los patricios un poco acongojados pues sabían que sin los plebeyos Roma caería en manos de los ecuos y los volscos, aceptaron la petición. Sin embargo, una vez pasado el peligro de la invasión, renegaron del compromiso, esto último lamentablemente es habitual hoy en día.
 

Huelga del Monte Aventino
 
Los plebeyos engañados y en un golpe de efecto sin precedentes se marcharon de Roma al Monte Aventino y se declararon en huelga. Roma se paralizó por completo, de hecho no había absolutamente nada para comer en la ciudad y los patricios tuvieron que replantear la situación.

La huelga cesó con la firma de dos acuerdos, el primero fue la creación de dos nuevos magistrados ordinarios, los tribunos de la plebe, los cuales tendrían derecho de veto a cualquier decisión del Senado o de cualquier otro magistrado que perjudicase a la plebe y con la potestad de poder asistir legalmente a cualquier plebeyo que tuviese un problema con la justicia.

El segundo acuerdo fue aceptar la legalidad del concilium plebis, esto fue un gran avance pues la decisión que adoptara esa asamblea exclusivamente compuesta por plebeyos tenía que ser aceptada por la República en todos sus términos.
 
Aunque pueda parecer que los patricios lamentaran la nueva situación, nada más alejado de la realidad, los patricios se sentían culpables por haber provocado esta huelga y promovieron conjuntamente con los plebeyos la construcción de un Templo de la Concordia para celebrar los acuerdos, esta es la gran diferencia con la sociedad actual, el honor.
 
En el 449 a.C. se produjo otra Huelga General en Roma. La causa principal fue que la ley estaba sujeta a la interpretación de los juristas y a su memoria ya que no estaba escrita, lo que motivaba que los abogados y juristas que eran todos patricios la interpretaran y la recordaran a su antojo ya que entre la clase plebeya predominaba el analfabetismo. Los plebeyos pidieron entonces que la ley fuese redactada para evitar interpretaciones interesadas, los patricios se negaron y estos se marcharon al Monte Sacro.



Huelga del Monte Sacro

Parece ser que hubo otro motivo en esta huelga ya que coincide con el asesinato de Lucio Sicio Dentato, este personaje del que hablaremos en otra entrada fue quizás el militar romano más laureado de la historia, de origen plebeyo destacó sobre todo por la defensa de la igualdad entre plebeyos y patricios, fue asesinado por orden del decenviro Apio Claudio.

Pues bien, tras la marcha de los plebeyos al Monte Sacro se tuvieron que cerrar varios acuerdos, el primero fue que la ley fuese escrita a partir de ese momento lo que motivo la composición de la Ley de las XII Tablas, el primer código legal de la historia romana. El segundo fue disolver el colegio de los Decenviros. Y el tercero fue conseguir que Lucio Valerio Potito y Marco Horacio Barbato, los negociadores del Senado en la huelga fueran nombrados cónsules, pues los plebeyos sólo se fiaban de ellos.

Lucio Sicio Dentato

Más tarde habría varias huelgas menores o de menor importancia que estas dos primeras pero en las que se conseguirían grandes logros, por ejemplo;

En el 448 a.C. La huelga consigue que los dos cónsules alternen año a año con dos tribuni militum consulari potestate, de los que uno puede ser plebeyo.

En el 445 a.C. Gracias a la huelga se permite el matrimonio legal entre plebeyos y patricios que hasta el momento estaba prohibido promulgándose la ley Canuleya.

En el 409 a.C. Los plebeyos consiguen acceder por primera vez a la magistratura pudiendo ser nombrados cuestores.

En el 367 a. C. El Senado admite por medio de una huelga que, de los dos cónsules nombrados cada año, uno proceda de la clase de los plebeyos.

En el 300 a.C. El último cargo patricio, el cargo de Pontífice, es por fin abierto a los plebeyos.
 
Monte Aventino
 
Por último en el 287 a.C. Se produjo otra gran huelga, los plebeyos abandonaron Roma y se congregaron en el Monte Aventino. Como consecuencia el Senado reconoció las decisiones de las asambleas de la plebe “Plebis scitum” como asambleas que podían legislar siendo más importantes que la voluntad de los legisladores, lo que hoy podemos denominar referéndum.

Es mucho como hemos visto lo que los romanos consiguieron mediante la huelga pero también es cierto que consiguieron mucho más con acuerdos puntuales, la huelga debe ser el último extremo al que la sociedad civil debe llegar, pero llegado el extremo si una huelga no consigue algo es un rotundo fracaso. Quizás el poder de los medios de comunicación, quizás las maniobras políticas, quizás la desunión del pueblo o quizás todo a la vez hacen que hoy en día una huelga no tenga el efecto que tenía antaño.

Nicolás Maquiavelo afirmó;
[Yo digo que quienes condenan los tumultos entre los nobles y la plebe atacan lo que fue la causa principal de la libertad de Roma, y que se fijan más en los ruidos y gritos que nacían de esos tumultos que en los buenos efectos que produjeron. En toda República hay dos espíritus contrapuestos, el de los grandes y el del pueblo, y todas las leyes que se hacen en pro de la libertad nacen de la desunión de ambos]

Antes de opinar hay que saber donde nos encontramos cada uno, si estamos dentro de la rueda del poder o si somos una de las criaturas aplastadas por ella.

Los romanos lo tenían claro y eso que no tenían internet…o a lo mejor fue por eso…quizás.
 
 
 
 
 


 

Todas las setas son comestibles pero algunas sólo una vez. XXII·XI·MMXII


Ahora que estamos en época de setas y que las abundantes lluvias en esta ladera de Sierra Nevada han producido una gran cantidad de hongos, no son pocos los vecinos de Abla como del resto de la provincia que se han acercado a recoger el preciado Lactarius Deliciosus comúnmente conocido como níscalo o rovellón. Esta especie es quizás la más buscada pues es la que menos se presta a confusión aunque es una seta menos sabrosa que otras que nacen en esta sierra.
 
Níscalos
 


Damos por cierto que en la Grecia y Roma antiguas no se tenía el conocimiento científico de las setas del que sí disponemos en nuestros días. Si bien es cierto que han llegado hasta nosotros tratados como los de Teofrasto, Dioscórides, Aristóteles o Plinio, en los que se observan intentos de clasificación de las plantas entre las que suelen incluirse las setas, pero hay que dejar claro que las nociones que los griegos y los romanos tenían de micología eran básicamente experimentales y a menudo motivadas por supersticiones religiosas, por lo que, muchas veces, carecen de cualquier atisbo de veracidad.
 
Así, por ejemplo, entre los antiguos existía la creencia de que la sombra de algunos árboles resultaba perniciosa. Es el caso del pino o del ciprés, árbol este consagrado a Plutón, dios de los infiernos, como queda de manifiesto en los cipreses que todavía hoy pueblan nuestros cementerios. Según esta creencia, sería tóxica cualquier planta o seta que naciera junto a dichos árboles. Ello ha llevado a algún estudioso moderno a lamentar el hecho de que, precisamente por esta superstición, griegos y romanos no tuvieran oportunidad de degustar setas tan apreciadas hoy como el níscalo.

Si había una seta que era particularmente apreciada era la Amanita Caesarea llamada amanita de los césares o yema de huevo. Y era apreciada no sólo por ser deliciosa (se puede incluso comer cruda) sino porque nacía bajo otros árboles que si eran sagrados, las encinas, los robles o los castaños.
 
Amanita Caesarea
 
No obstante y dejando al margen las supersticiones, es un hecho claro que los romanos dieron a las setas un alto valor culinario, hasta el punto de identificarlas con la vida ostentosa y placentera.

Juvenal, por ejemplo, critica el comportamiento de los ricos que malgastan sus bienes en comilonas y todo tipo de lujos y dice textualmente;
[Nada mejor puede esperar el pariente de un joven que ha aprendido del sinvergüenza de su padre y su encanecida gula a rascar las trufas, a condimentar setas y a remojar en su salsa a los papafigos]

Petronio cuenta en su Satiricón como Trimalción manda traer simientes de setas de la India para cultivarlas y así asombrar a sus comensales.

También podemos citar a San Agustín que critica estos placeres de esta forma;
[De un hombre que se complace eructando de su panza llena setas, arroz, trufas, tartas, arrope, pimienta, silfio, y que todos los días reclama tales cosas, ¿puede decirse o pensarse algo más demencial, que no se sabe cómo pueda parecer que se ha alejado de las tres señales, es decir, de la regla de santidad?]

Pero sin duda los mayores ejemplos de relación entre las setas y la alta calidad de vida son las numerosas recetas que podemos encontrar en el "De re coquinaria” de Marco Gavio Apicio, donde incluye platos con boleti, con fungi farnei (setas de fresno) y con las tubera (trufas).

Marco Gavio Apicio

Eran el ingrediente básico de los entremeses, pues consideraban que estimulaban el apetito. Su consumo variaba: si eran de temporada, se tomaban en crudo, asadas con un pincho sobre las cenizas; pero si estaban deshidratadas, era necesario hervirlas con sal, vinagre y miel. También se recomendaba servirlas con estos mismos ingredientes, para reducir sus efectos nocivos. Para poderlas consumir durante todo el año se conservaban secas en recipientes sellados, en los que se alternaba una capa de hongos y otra de serrín, y tras enyesar la tapa, se dejaban en un lugar seco. Las propiedades que se les otorgaban eran múltiples: nutritivas, sabrosas, con alto contenido proteínico y laxantes.

Pues si las setas eran tan apreciadas en la alta cocina romana es de suponer que tampoco faltara en la mesa del Emperador. Por ejemplo la Amanita Caesarea que hoy es considerada la reina de las setas debe su apellido por ser la preferida de los césares entre los cuales hay que destacar a Claudio un gran enamorado de la degustación de setas y que murió tras ingerir un plato de ellas. Aunque comúnmente se achaca su muerte a una intoxicación con Amanita Phalloides lo cierto es que es más probable que le introdujeran veneno en su plato de setas pues su muerte se produjo unas horas después de comer como apuntan Tácito, Suetonio y Dión Casio, y la ejecutora parece ser su mujer Agripina la cuál quería que su hijo Nerón subiera al trono de Roma e impedir que más adelante el heredero fuera el hijo legítimo de Claudio, Británico.
 
Claudio

Hablo de unas horas después pues el envenenamiento por Amanita Phalloides produce la muerte entre el tercer y décimo día de haberla consumido en un proceso que podemos resumir así;
[La primera etapa, de incubación, tiene lugar entre las 6 y las 24 horas: predominan síntomas como dolor abdominal, náuseas, vómitos, diarrea, fiebre, deshidratación, hipotensión y alteraciones hidroelectrolíticas. La segunda etapa (entre las 24 y las 48 horas), se caracteriza porque los síntomas iniciales mejoran, aunque las alteraciones hepáticas y renales pueden seguir progresando. Por último, en la tercera etapa, entre el tercer y el quinto día, el paciente sufre ictericia, encefalopatía e insuficiencia hepática]

Plinio el Viejo nos cuenta de una forma ingeniosa en su Historia Natural;
[Entre las cosas que resulta imprudente comer, yo incluiría a las setas, un alimento ciertamente exquisito, pero que merece con razón el descrédito desde el terrible ejemplo de la muerte del emperador Tiberio Claudio, al que su esposa Agripina asesinó suministrándole un veneno, un hecho que supuso para el mundo, un veneno aún mayor: su hijo Nerón]

Pero la macabra operación de Agripina y Nerón no terminó ahí pues según Tácito, Nerón es responsable del envenenamiento de Británico, utilizando el mismo método que el aplicado con Claudio. Británico, a la edad de 14 años, fue envenenado con setas durante una cena a la que asistieron su hermana Claudia Octavia y su madrastra Agripina.
 
Amanita Phalloides
 
La existencia de especies tóxicas mortales entre las amanitas condujo a que entre los romanos se produjesen muchas intoxicaciones, que afectaban en ocasiones a colectivos numerosos. Tal fue el caso de un banquete celebrado en tiempos de Nerón, en el que fallecieron todos los asistentes, incluido Anneus Serenus, amigo muy querido del filósofo español Séneca.

Podemos citar brevemente a otros personajes históricos que han muerto por consumir setas;

En el 450 antes de Cristo aproximadamente mueren la mujer, el hijo y las dos hijas del poeta griego Eurípides por comer un plato de setas.

El 25 de Septiembre de 1534 muere el Papa Clemente VII, era un gran aficionado a las setas, tenía por costumbre de tomar un plato diario. Incluso prohibió recoger setas en los Estados Vaticanos para que no le faltasen a él, su ansia y una Amanita Phalloides le produjeron la muerte.
 
Clemente VII

El 20 de Octubre de 1740 muere el Archiduque Carlos de Austria o Carlos VI del Sacro Imperio Romano Germánico, sufrió una indigestión después de comer un plato de setas salteadas de la que moriría diez días después, lo cual indica claramente un envenenamiento por Amanita Phalloides. La muerte del archiduque sin descendencia masculina fue el pretexto que daría origen a la Guerra de Sucesión austríaca, Voltaire dijo unos años después;
[Este plato de setas cambió el destino de Europa]

Pues sí, había platos de setas que podían cambiar el rumbo de la historia pero lo más destacable es que efectivamente todas las setas son comestibles aunque algunas sólo una vez.

Un servidor seguirá comiendo Lactarius Deliciosus (Níscalo) y Lepista Nuda (Pie azul) porque para mi son tan sagrados los pinos de Sierra Nevada como para los romanos lo era la encina bajo la que sentaba Júpiter.
 
Pie Azul


 
 
 
 


 

Rin y Rubicón. De gigantes y hombres. XV·I·MMXI

Cruzar un río no parece un acto memorable ni digno de admiración o estudio hoy en día y seguramente lo que uno diga o haga para cruzarlo no presenta mayor tiempo de debate que el tiempo que tardo en escribir estas líneas, pero hubo un tiempo lejano en el que ese hecho que ahora resulta insignificante hacía historia, y he querido, pues creo merece un lugar en este blog, recordar dos hechos relacionados con cruces de ríos, curiosamente protagonizados por el mismo actor, Cayo Julio César.

César


El primer episodio que entiendo merece cierta admiración y que puede ser un tanto desconocido para el lector curioso se produjo en el año 55 a.C. año en el que un tal Julio César al mando de 40.000 hombres se dispuso a cruzar el río Rin, la frontera natural entre la Galia y la Germania, al otro lado le esperaban entre 150.000 y 450.000 germanos y os invito a ver el siguiente vídeo para comprender hasta que punto llegaba el ingenio de este general y de sus hombres;




Cruce del río Rin, 55 a.C.


Diez días, sencillamente impresionante, se podría decir más alto pero no más claro, y lo más llamativo es que había sentado las bases de lo que algunos siglos más tarde se conocería como “guerra psicológica”.

Seis años más tarde se produciría el cruce de otro río, el Rubicón, cruce que quizás sea el más famoso entre nosotros por el recuerdo que nos viene a la cabeza de la famosa y supuesta frase pronunciada por el protagonista “la suerte está echada”.

El cruce del río Rubicón por Julio César la noche del 11 al 12 de enero del año 49 a.C. es sin duda uno de los episodios sobre los que más se ha escrito y discutido en toda la historia de la humanidad, y sobre lo que pasó en ese preciso momento o que ocasionó realmente esa actitud de César contra el orden establecido se ha dicho de todo, pero hoy intentaremos detenernos en analizar lo que aproximadamente pudo pensar este gigante entre hombres en ese instante exacto, en el que el romano que más gloria le había dado a Roma tuvo que volverse contra ella, el momento en el que el general entre generales decidió cruzar la frontera natural establecida entre Italia y la Galia Cisalpina, la frontera que ningún general romano al mando de una legión debía cruzar bajo ningún concepto. Pero él, al mando de una legión, la número 13 Gemina, decidió cruzarlo, él, con menos de 5.000 hombres se dispuso a conquistar Roma.

Río Rubicón

La autora australiana Colleen McCullough describió brillantemente lo que pudo pasar por la cabeza de este general momentos antes de este hecho histórico;
[…Arreó al animal para ponerse en cabeza y cabalgó a paso tranquilo por la hierba otoñal que amarilleaba, adentrándose entre los árboles en dirección al centelleante río. Y allí, en la orilla, se detuvo.
Aquí está. Todavía puedo darme la vuelta. Todavía no he abandonado la legalidad, la constitucionalidad. Pero ya sé todo esto. Lo sé desde hace dos años. He pasado por todo: he pensado, he proyectado, he programado, me he esforzado muchísimo. He hecho concesiones increíbles. Incluso me hubiera conformado con Iliria y una legión. Pero en cada paso del camino he sabido y he comprendido que ellos no cederían. Que estaban decididos a escupirme, a hundir mi cara en el polvo, a reducir a la nada a Cayo Julio César. Que no es nada. Que nunca consentiría ser nada. Tú lo has querido, Catón. Ahora puedes conseguirlo. Tú me has obligado a marchar contra mi patria, a volver la cara contra la legalidad vigente. Y tú, Pompeyo, estás a punto de descubrir cómo es enfrentarse a un enemigo de verdad competente…¿Qué hay al otro lado del Rubicón? ¿Cuántas legiones habrán logrado reunir? ¿Cuántos auténticos preparativos habrán llevado a cabo? Estoy basando toda mi campaña en una corazonada que me dice que no han hecho nada….De pronto echó la cabeza hacia atrás y empezó a reírse al recordar un verso de Menandro, su poeta favorito. -¡Que vuelen alto los dados!- exclamó en el griego original del verso. Después espoleó suavemente a Toes en las costillas, cruzó cabalgando el Rubicón y entró en Italia y en la rebelión…]
En el siguiente vídeo podemos ver la que creo es la mejor adaptación del momento justo antes de este hecho histórico que cambió el mundo para siempre, y en el que se puede ver algo significativo y que muchas veces ha pasado desapercibido en la historia, la devoción de los legionarios hacía su cónsul y general. Algunos autores afirman que César conocía a todos sus hombres y los llamaba por su nombre y les preguntaba habitualmente por su familia, algo que para un legionario de la época era la muestra más grande de dignidad y respeto. Pero sin entrar en si algo tan espectacular como es que un hombre conozca el nombre y la vida de 40.000 soldados pudiese ser cierto o no, lo que si parece cierto es que la clave de César fue consultar a sus tropas sobre todos sus actos, haciéndoles partícipes de cualquier actuación, lo que hizo que cualquier soldado, por raso que fuese se sintiese el actor principal de la "obra de César", veamos la adaptación;




Cruce del río Rubicón, 49 a.C.


No comparto la idea universalmente extendida que dice que César dijo justo antes de cruzar el Rubicón, según Suetonio [la suerte está echada "allea iacta est"] ya que lo históricamente cierto es que recordó a su autor favorito, Menandro, y lo que seguramente recitó fue un verso en griego y no en latín de este autor, que venía a decir según Plutarco [que vuelen alto los dados o que el dado sea lanzado "ανερριφθω κυβος"] y creo que gana Plutarco pues existió un testigo presencial de los hechos que lo corroboró, Gayo Asinio Polión y aunque pudieran asemejarse en el significado las dos frases, realmente no es así, ya que, "la suerte está echada", es una frase más bien negativa, en la que nos ponemos en manos del destino, pues ya han sido lanzadas las suertes o los dados, para lo bueno y para lo malo, frase que nos puede dar a entender que no hay posibilidad de dar marcha atrás, en cambio, "que vuelen alto los dados", implica un carácter más positivo, ya que César vino a decir, ¿quereis jugar? pues vamos! y no tengo miedo de lo que digan los dados al caer al suelo, lo que quiero es jugar, y ordeno que se juegue y mientras todos miráis los dados como vuelan, yo, Cayo Julio César estoy en las puertas de Roma, y esta vez no cometeré el mismo error que cometió Aníbal.

Curiosamente César tomó Roma sin derramar una sola gota de sangre, sus enemigos habían huido, y las ciudades fueron abriendo sus puertas a César a su paso, o eso cuentan los vencedores.

Pero sucediera lo que sucediese y se dijera lo que se dijese, lo realmente cierto es que en un periodo de tiempo extremadamente corto, la historia reunió a gigantes como Mario, Sila, Cicerón, Catón, Bruto, César, Casio, Marco Antonio, Pompeyo, Octavio Augusto.... un tiempo en el que algunos cruzaban ríos y en el que todos hicieron historia. Historia que se resume en una sola cita;

Cuando los Dioses ya no existían y Cristo no había aparecido aún, hubo un momento único, desde Cicerón hasta Marco Aurelio, en que sólo estuvo el hombre.

Dictadores. En César sólo manda César. XXVII•XI•MMX

Tras la expulsión del último rey en el año 509 antes de Cristo, Roma decidió constituir una nueva forma de gobierno llamada República [Res publica], creando un nuevo magistrado al frente del Estado, el Cónsul.

Para no dejar el poder estatal en una sola mano, decidieron que serían dos cónsules los que gobernarían con igual poder cada uno, el cargo sería anual, y la decisión de un cónsul podría ser revocada por el otro, así nadie tendría el poder absoluto.

En el afán de rozar la perfección como Estado, incluso legislaron que cada cónsul no podría tener menos de 42 años de edad, garantizando así la experiencia.

Como ostentación cada cónsul sería acompañado por 12 lictores, cada uno de los cuales portaba un haz de ramas [fasces], con una o dos hachas insertas en su interior, que simbolizaba el poder para castigar y ejecutar.

Bruto y Publícola, primeros cónsules


Pasaron solamente diez años de gobierno republicano, cuando los romanos vieron necesario crear una nueva magistratura, la [Dictatura], para resolver situaciones críticas en las que se necesitara la decisión rápida y eficaz de una sola persona.

Esta magistratura estaría compuesta por un [Dictator, dictador] que a su vez elegiría un [Magíster equitum, lugarteniente o comandante].

La duración del cargo no sería superior a 6 meses, en los cuales el dictador tendría en sus manos todo el poder y nadie podría criticar ni censurar su labor, con la salvedad de que pasados los 6 meses del cargo, el dictador volvía a ser un ciudadano de a pie y podía ser juzgado por sus actuaciones anteriores. Y por supuesto si cada cónsul era acompañado por 12 lictores, al dictador le acompañaban 24.

Lictor


Aunque esa magistratura ahora nos pueda parecer alejada de un sistema democrático, fue una forma de gobierno totalmente regulada y que salvó a Roma del caos en varias ocasiones, incluso evitando alguna que otra guerra civil e invasión.

Como nota se puede decir que antes de la dictadura de Sila, en el año 82 a.C.,  fueron nombrados 85 veces dictadores en Roma, de los cuales muy pocos llegaron a cumplir los seis meses de gobierno, renunciando al cargo antes.

Como hecho curioso y digno de admiración está el ejemplo de Lucio Quincio Cincinato, el cual había abandonado toda actividad política y se dedicaba a la agricultura.

Cuando murió el cónsul Publio Valerio Publícola fue requerido por el senado para ocupar el puesto de cónsul suplente, ocupó el cargo y cuando finalizó volvió al arado.

Cincinato abandona el arado, Ribera


A los dos años de este hecho, fue llamado para salvar a Roma de la invasión de los ecuos y los volscos, otorgándole el senado el cargo de dictador.

Cincinato derrotó a los invasores en 16 días, tras los cuales rechazó todos los honores y el título de dictador y se fue otra vez a labrar el campo. Pero por si no fuera suficiente ejemplo de patriotismo y civismo, fue requerido otra vez 19 años después, cuando ya era un anciano de 82 años, y como no, volvió a ocupar el cargo de dictador salvando otra vez a Roma y abandonando el cargo de la misma manera.

Cincinnati, la ciudad del Estado de Ohio, en Estados Unidos, recibió este nombre en honor a Cincinato. Hoy se puede ver allí la estatua en su memoria.

Estatua de Cincinato, Cincinnati, U.S.A.


La leyenda que hay en la placa de la estatua explica el por qué;
Lucius Quintio Cincinnatus. Alrededor del 458 a.C. Aquí se puede ver al legendario romano, después de haber derrotado a los Ecuos y rescatar al ejército romano. Con una mano devuelve las fasces, símbolo del poder designado como dictador de Roma. Su otra mano sostiene el arado, ya que vuelve a la vida de un ciudadano y agricultor. Nuestra ciudad fue llamada así en 1790 por el gobernador Arthur St. Clair, miembro de la Sociedad de Cincinnati, una orden revolucionaria cuyo primer presidente fue George Washington. Dado a la ciudad para honrar el espíritu voluntario del ciudadano-soldado, Cincinnatus, `por miembros de la Asociación de Amigos de Cincinnatus.

Pero la magistratura quedaría corrompida y exterminada con los dos últimos dictadores que tuvo la República.

El 2 de noviembre del 82 a.C. el general Lucio Cornelio Sila Felix había tomado Roma por la fuerza, acabando con una guerra civil y proclamándose dictador.



Sila


Y la dictadura de Sila traería consigo algo desconocido para los romanos, las proscripciones, contra los partidarios de Cinna y Cayo Mario, que habían sido sus opositores en la guerra civil.

Se empezaron a colgar listas con los nombres de los “enemigos de la República”, se contaron por miles los muertos y perseguidos, aparte de ser confiscadas todas sus propiedades, lo que conllevó denuncias falsas simplemente para apropiarse de las propiedades de los proscritos. Apiano describe lo que sucedió así;

[…Inmediatamente Sila condenó a muerte hasta cuarenta senadores y cerca de mil seiscientos de los llamados “caballeros”. Parece haber sido el primero que estableció listas de personas condenadas a muerte, fijando recompensas para quienes las mataran o capturaran y castigos para quienes, en cambio, les dieran refugio. Después de poco tiempo, agregó más nombres a los de los senadores proscritos…Todo servía para acusarles: la hospitalidad, la amistad, el dar o recibir dinero prestado…]

Y después de toda esta locura, en el 79 a.C. Sila reunió a la Asamblea popular y declaró que renunciaba a los poderes dictatoriales. Licenció a los lictores y a la guardia personal y como antaño era costumbre, se declaró dispuesto a responder de sus acciones como dictador si alguien así lo deseaba.

No presentando nadie ninguna proposición, descendió lentamente de la tribuna y se fue a su casa tranquilamente. Se cumplía así un hecho histórico, había sido el único dictador que ocupando el cargo por la fuerza renegaba de él voluntariamente.

Pero hay una curiosidad que conviene destacar. Cuando Sila comenzó con las proscripciones, no sólo ejecutaba a los oponentes sino que intentaba dirigir la vida de los que quedaban vivos, y un episodio con uno de estos perdonados hay que reseñarlo.

Sila envió un mensajero a la casa del sobrino de Cayo Mario y yerno de Cinna que como hemos visto fueron sus oponentes, con la orden de que el joven se divorciase de su mujer si quería conservar la vida, el joven que no contaba con más de 18 años le dijo al mensajero;

"Dile a tu amo que en César sólo mánda César"
El joven era Cayo Julio César, y sorprendentemente Sila le perdonó la vida. El dictador, viendo la alegría que los senadores mostraron por su perdón les recriminó diciéndoles;

“Alegraos con su perdón, pero no olvidéis lo que os digo, porque un día ese joven de aspecto indolente e inofensivo causará la ruina de vuestra causa. ¡Hay muchos Marios en César!"
Hay que señalar que la guerra civil la provocaron Mario y Cinna dando un golpe de Estado a la República.

Efectivamente, ese joven, sería el que acabaría definitivamente con la República 37 años después.

Tras dar un Golpe de Estado contra la República, consiguió que le nombrasen dictador perpetuo, pero ni eso le bastó, el quería implantar una monarquía de derecho a toda costa, hablamos de monarquía de derecho porque la de hecho ya la tenía y lo que deseaba era una monarquía hereditaria, apropiándose de un término que sería perpetuado por su heredero y sobrino Octavio, Imperator.

Pero el 15 de marzo del 44 a.C. 23 puñaladas acabarían con el último dictador de Roma, Cayo Julio Cesar, 23 puñaladas acabarían con una magistratura que había sido fundamental en la República, 23 puñaladas acabarían con la República.


Asesinato de César



De este personaje hablaremos en otra ocasión.

De él nos queda un mes, julio, nombre que le puso al mes de su nacimiento, la cesárea, una dudosa atribución a la operación por la que nació del vientre de su madre, y la primera autopsia documentada de la que hay constancia, por la cuál se sabe que ninguna de las 23 puñaladas fue mortal, murió desangrado y nadie se ofreció a socorrerle.

Cuando hablamos de dictador nuestra mente nos lleva a imaginar los dictadores de nuestra época o los de un pasado no muy lejano, ciertamente los regímenes autoritarios se han apropiado de la simbología y la terminología con la que los romanos definían a esa magistratura, el águila imperial republicana, el término fascista de “fasces”, Zar de “Cesar”, Kaiser de “Caesar”, incluso Mussolini ordenó grabar “SPQR” en todas las alcantarillas de Roma.

Y es lógico que el  término dictador nos lleve a imaginar el cargo como algo negativo, pues ninguno de éstos dictadores de un pasado cercano o contemporáneo, ni fueron designados democraticamente para 6 meses, ni tampoco estarían dispuestos a abandonar el cargo para irse a labrar el campo, ninguno de los más recientes, ni tuvieron ni tendrán la más mínima dignidad de decirle a su pueblo;

"Aquí me tenéis, juzgadme por mis actos si lo creéis conveniente".
Y un último apunte ¿Seríamos capaces de decirle a un hipotético Sila lo mismo que le dijo Julio César? Seguramente no, y estoy seguro que denunciaríamos al vecino para quedarnos con sus propiedades.

Pero hubo un tiempo en el que no fue así, fueron 418 años en los que el cargo de Dictator era algo natural, constitucional y necesario.

Hicieron un desierto y le llamaron Paz. XVII•XI•MMX

Contaba con 12 años recién cumplidos cuando a la sombra de los naranjos en Andújar (Jaén) escuché por primera vez el relato de las Guerras Púnicas de manos del padre Ezequiel, el cuál compaginaba sus labores de docente en el Seminario con el cuidado de las plantas, empezó su relato por el final, explicándome como tras la destrucción de Cartago en el año 146 antes de Cristo, los soldados romanos labraron la tierra con sal para que jamás volviese a florecer vida en aquella ciudad del norte de África.

Cartago

Me contó como acabó así la existencia de la capital de la República Cartaginesa, y comenzó la hegemonía de Roma en el Mediterráneo.

El padre Ezequiel era consciente de que las preguntas fruto de mi curiosidad no tardarían en llegar, así pues, el domingo siguiente me acerqué a los naranjos y le hice dos preguntas:
-¿Por qué Roma llegó a tal extremo con esa ciudad? ¿No hubiese sido más rentable el sometimiento y no la destrucción?-.

Seguramente las preguntas no fueron expuestas en esos términos tan explícitos, pero lo que si recuerdo es la risa jocosa del padre Ezequiel que mirándome fijamente me dijo:
-La respuesta a esas preguntas y a la barbarie a la que es capaz de llegar el género humano se resume en una sola palabra, terror-.

Y comenzó a relatarme en episodios la historia desde el inició, comenzó explicándome como Roma había vencido en la primera guerra contra los cartagineses, que conocemos como Primera Guerra Púnica desarrollada entre los años 265 al 241 a.C.

En esta primera contienda Roma se apoderó de Sicilia que pasó a ser una provincia romana y tras la misma hizo que los cartagineses tuvieran que pagar una indemnización a Roma demasiado alta.

Aún no saciados los romanos, hicieron que Cartago tuviese que pagar otra indemnización más elevada que ya resultaba casi humillante en el 237 a.C., además de apropiarse de Cerdeña y Córcega que serían organizadas como provincias en el 227 a.C.



Fin primera Guerra Púnica

Polibio relataría que esa prepotencia de Roma y la humillación a la que se sometieron a Cartago sería la causa del inicio de la Segunda Guerra Púnica.

Pero no sólo esa humillación que describía Polibio sería suficiente motivo para comenzar otra guerra.

Inexplicablemente los cartagineses decidieron pagar a Roma y para ello tuvieron que expandir los dominios que ya tenían por el sureste de Hispania.

Los romanos por su parte temerosos de que Cartago tuviese el control de Hispania acordaron que bajo ningún concepto los cartagineses sobrepasarían el río Ebro.

Con la curiosidad de que según parece anteriormente los romanos habían concertado una alianza con Sagunto, ciudad esta que quedaba dentro de los límites cartagineses, por ello en la primavera del 219 a.C. el general cartaginés Aníbal puso sitio a Sagunto, hecho que supuso una declaración de guerra para Roma. La ciudad aguantó ocho meses el asalto pero al final fue tomada por Aníbal sin que los romanos socorriesen a la misma.

Roma envió a Cartago una embajada, dirigida por Quinto Fabio Máximo, exigiendo que se les entregara a Aníbal y los senadores que le habían acompañado. Tito Livio lo describiría así;

[…Quinto Fabio alzando la parte anterior de la toga como si hubiera algo dentro de ella, dijo: -Aquí os traigo la guerra y la paz, ¡elegid!-. Los cartagineses respondieron: -¡Elige tú mismo!-. Entonces dejando caer la toga, Quinto exclamó: -¡Os doy la guerra!-, a lo que los presentes exclamaron que la aceptaban y que la conducirían con la misma decisión con la que la habían elegido…]

Quedando la guerra declarada a comienzos de la primavera del 218 a.C. el Senado romano decidió dar dos golpes contundentes, por un lado envió a España al ejército del cónsul Publio Cornelio Escipión, y el otro cónsul, Tiberio Sempronio, debía dirigirse a África.


Escipión el Africano

Pero en una maniobra genial y que aún hoy es admirada, Aníbal se dispuso a conquistar la península Itálica atravesando con su ejército los Alpes, en una demostración de fuerza insólita hasta el momento.



Aníbal

Derrota tras derrota los romanos tuvieron que soportar con temor la presencia en Italia de los cartagineses, hasta que el 2 de agosto del 216 a.C. en la llanura cercana a Cannas ese temor se transformo en terror. Los informes que fueron enviados a la ciudad de Roma sobre la batalla dejaron sumidos en el pánico a todos sus habitantes. De 80.000 romanos que lucharon, 70.000 murieron en la batalla, el resto de los romanos huyeron o fueron hechos prisioneros, además había que sumar a la catástrofe la muerte en la batalla de uno de los cónsules, Lucio Emilio Paulo.

Y extrañamente después de Cannas, Aníbal teniendo todo a su favor para asestar el golpe definitivo a la ciudad de Roma, no la conquistó. Tuvo la oportunidad de cambiar el curso de la historia para siempre y no lo hizo.

Su comandante de caballería, Mahárbal, le recriminaría;

[…La verdad es que los dioses no se lo conceden todo a una misma persona.
Sabes vencer, Aníbal, pero no sabes aprovechar la victoria…]


Y como si de un partido de fútbol se tratara, en el que, quien perdona termina perdiendo, en el 202 a.C. en la batalla de Zama, Roma vencería definitivamente a los cartagineses, curiosamente en la única batalla que perdió Aníbal.

Las consecuencias fueron para Cartago desastrosas, seguiría siendo un Estado independiente, pero quedaba privado del derecho de declarar cualquier guerra sin el consentimiento del pueblo romano, por supuesto los cartagineses tenían que pagar todos los daños de guerra e incluso mantener las tropas de Roma en suelo africano con su dinero durante tres meses, Cartago perdía también todas sus posesiones fuera de África, y por si no fuese suficiente, debían entregar 100 rehenes a Roma que serían elegidos por Escipión, que a partir de ahí sería apodado como “el Africano”.


Fin segunda Guerra Púnica

Pero aunque Roma venció en esta guerra, el miedo continuó instalado en la sociedad civil, el término “Hannibal ad portas” “Aníbal en las puertas”, se convirtió en una alocución para definir el terror romano, terror que fueron transmitiendo a sus hijos.

Ese miedo se hizo tan generalizado que incluso Marco Porcio Catón en sus discursos solía terminar diciendo;

[…Ceterum, censeo Carthaginem esse delendam]
[…Por lo demás, pienso que Cartago debe ser destruida]

Y por supuesto, pasados ya 50 años desde que Aníbal estuviese "ad portas", Roma buscó un pretexto para acabar con sus miedos y no fue otro que hacer que Numidia incitara a que Cartago le declarase la guerra, lo que supuso una violación del tratado de la anterior contienda que les obligaba a no iniciar ninguna guerra sin el consentimiento romano.

Las embajadas que los cartagineses enviaron para no provocar la guerra contra Roma no sirvieron de nada, y el ejército consular romano ya estaba preparado para la guerra, esto ocurría en el año 149 a.C.

Los cartagineses se rindieron sin condiciones, a cambio los romanos les pidieron 300 rehenes de las familias más poderosas de Cartago, les pidieron también todas las armas y provisiones militares que tuviesen, y todo esto fue entregado sin objeciones por parte cartaginesa, en un último intento quizás de evitar una nueva contienda con Roma.

Pero una última petición mostraba las verdaderas intenciones de Roma. Cartago debía ser destruida y sus habitantes no podrían volver a habitar a menos de 15 kilómetros de la costa.

Esta petición demostraba la crueldad de Roma, pues era consciente de que un pueblo como el cartaginés que tenía su fuente de riqueza en el comercio marítimo, quedaría abocado al exterminio. Entonces la población enloqueció y asesinaron a todos los itálicos de la ciudad, incluso asesinaron a sus propios líderes y en una última muestra de heroicidad decidieron defender Cartago a toda costa. Empezaron a forjar armas día y noche, liberaron a los esclavos para contar con más efectivos y reforzaron todos los muros de la ciudad. Cuando los romanos llegaron a las puertas de la ciudad se dieron cuenta de que increíblemente Cartago estaba preparada para la defensa.

Pasaron los años, y el Senado romano viendo que la resistencia de Cartago ya resultaba vergonzosa, decidió poner al frente del ejército al cónsul Publio Cornelio Escipión Emiliano, hijo adoptivo de Escipión el Africano y que tenía solamente 35 años, hecho que demuestra la desesperación de Roma, al nombrar un cónsul tan joven.

En la primavera del 146 a.C. el ejército romano con Escipión al frente consiguió entrar dentro de la ciudad, durante seis días y seis noches los combates se produjeron dentro de la misma, y una comisión enviada por el Senado decidió que la ciudad debía ser reducida al nivel del suelo. Tras maldecir el lugar donde se había alzado, trazaron surcos con el arado y sembraron sal.

Cuentan las crónicas que Escipión, anduvo contemplando la destrucción y llorando amargamente, mientras repetía una y otra vez que algún día Roma se vería así.

Se ponía de manifiesto como una civilización, la romana, por el miedo no superado a ser destruida, acabó con otra, la cartaginesa.
Lo gracioso es que Catón murió en el 149 a.C. sin poder llegar a ver su obra.



Catón

El padre Ezequiel terminó su relato con la famosa frase que había empleado el historiador romano Tácito para describir la destrucción de Cartago:

[…Solitudinem fecerunt, pacem appelunt]
[…Hicieron un desierto, y le llamaron paz]




Tácito

Normalmente el estudio de la historia debe servir sobre todo para conseguir que los errores del pasado no nos superen en el futuro.

Pero desgraciadamente no aprendimos la lección, y en un pasado más reciente tuvimos nuestro propio desierto llamado paz, y no fue otro que la expulsión de los moriscos a finales del siglo XVI y principios del XVII. Es cierto que los moriscos se revelaron, es cierto que cometieron atrocidades, pero también es cierto que se les provocó de igual manera que los romanos provocaron a los cartagineses.


Grabado de la expulsión de los moriscos, 1610, anónimo

Podemos ofrecer un dato terrible que muestra las consecuencias de esta guerra en nuestro entorno más cercano.

¿Sabéis cuantos habitantes estaban censados en nuestros pueblos en 1593?

Pues 65 en Abla, 60 en Abrucena y 120 en Fiñana, en total en estos tres pueblos 245 habitantes, sinceramente dantesco.

Aparte del desastre humano que supuso, el mayor desastre fue la pérdida cultural y sobre todo la pérdida de la memoria, sí, de la memoria, de los recuerdos trasmitidos de padres a hijos que desaparecieron para siempre en estos pueblos.

Habíamos visto en la entrada anterior como los pedestales que fueron arrancados del mausoleo romano de Abla, terminaron colocados en el castillo de Fiñana, pero un relato que se encuentra en la declaración de uno de los vecinos, Cristóbal García, fue omitido por mi;

[…sacaron los vecinos de Fiñana dos piedras que hoy están en la puerta del castillo y sobre el llevarlas hubo una muy grande pendenzia y una guerrilla de pedradas entre los de Fiñana que las llevaron y los moriscos de esta villa que las defendían…]
Curiosamente esos moriscos de Abla fueron los únicos que defendieron nuestro patrimonio histórico a pedradas y sobre su memoria nos dispusimos a sembrar sal, tanta sal como la que se sembró en Cartago.

Creo que después de tantos años deberíamos haber aprendido algo, porque la historia juzga, podrá tardar siglos en juzgar, pero siempre dicta sentencia.