Abla 1629. De Sanctis Martyribvs. Cuando las órdenes tardaron en llegar. XXVIII·IV·MMXI



Santos Mártires Apolo, Isacio, Crotato y la Virgen del Buen Suceso


Este año de 2011 nos vamos a meter en el mes de mayo para celebrar el día de nuestros Patronos San Apolo, San Isacio y San Crotato, el cuál deberíamos haber celebrado el pasado jueves 21 de abril, pero todos sabemos que no pudo ser así por coincidir con el Jueves Santo, fecha esta última regida por el calendario lunar.

La Iglesia en un principio quiso ser fiel al evangelio que relata como la noche del Jueves Santo había luna llena, pues esa noche  Jesús celebró con sus discípulos la Pascua Judia, fiesta que conmemora la salida de los israelitas de Egipto cruzando el Mar Rojo y que se celebra en la primera luna llena después del equinoccio de marzo. 

Pero más tarde en el año 325, la iglesia reunida en el concilio de Nicea covocado por el emperador Constantino I, decidió que la fecha de la Semana Santa se regiría por el Domingo de Resurrección o Pascua de Resurrección la cuál se celebraría el primer domingo tras la primera luna llena después del equinoccio de primavera, y si por casualidad coincidía con la Pascua Judía debía ser cambiado al domingo siguiente. Esto hace que algunas fechas se muevan cada año, el Miércoles de Ceniza, Pentecostés, la Ascensión del Señor y la fiesta de Cristo rey.


Constantino I el Grande


Y esto hace que nuestras fiestras patronales puedan cambiar y realmente es el único motivo por el que deben cambiar si así sucediese, pero lo realmente curioso es que las primeras fiestas que celebró Abla a sus Patronos en 1629 no coincideron con la Semana Santa ya que el Jueves Santo cayó en 12 de abril y en principio podrían haberse celebrado el 21, pero aún así tuvieron que celebrarse en mayo como nos va a suceder este año, para comprender el motivo os invito a leer la transcripción del Mandamiento Episcopal que nombra a nuestros Santos Mártires Patronos de Abla, dice así;
  
Nos, don fray Juan de Araoz, por la gracia de Dios y de la Santa Iglesia de Roma, obispo de Guadix y Baza, predicador de su majestad y de su Consejo.

A los venerables hermanos nuestros deán y Cabildo de nuestra Santa Iglesia Catedral de Guadix, al abad y Cabildo de nuestra Santa Iglesia Colegial de Baza, y a todos los curas, beneficiados, capellanes, sacerdotes, clérigos y demás súbditos nuestros de toda nuestra Diócesis, eclesiásticos cómo seglares, salud en nuestro señor Jesucristo.


Hacemos saber que por un memorial impreso que el señor marqués de Estepa, varón nobilísimo, de virtud conocida y probada, docto en buenas letras, celosísimo escudriñador de verdades así divinas como humanas que la antigüedad de los tiempos tiene oscurecidas y sujetas a variedad de opiniones, en el cuál nos daba noticia de que los santos mártires Apolo, Isacio y Crotato, de quién el Calendario Romano hace mención a veintiuno de abril, y el Menologio Griego en el mismo día, y que como ambos dicen padecieron en el Imperio de Diocleciano, y que como Flavio Dextro dice que padecieron en España en la villa de Abla que es cerca de Guadix, diciéndonos que tenía por cierto que estaban allí sus santas reliquias y pidiéndonos que a como santos propios de nuestro Obispado se celebrasen en su día y se rezase su oficio, medio con el que Dios se glorificaría en sus santas reliquias.

Y nos, cargando nuestro pensamiento en caso tan grave y tan de nuestra obligación y en el espíritu, afecto y devoción de tan gran persona, movido sólo de tan gloriosos fines, con gozo interior y alegría de nuestro espíritu tratamos de poner en efecto tan justa petición, juzgando ser más voces del cielo que medios humanos.

Y para proceder en este caso con pasos maduros, que son los que los sacros cánones y concilios nos enseñan, presupuesto que de la santidad y glorioso martirio de estos santos nos hacen cierto el Martirologio Romano y el Menologio Griego y el día en que perecieron, sólo para averiguar si fue en el lugar de Abla como dice Flavio Dextro, que es en nuestro Obispado y si se podían descubrir sus santas reliquias, no pudiendo hacer las diligencias convenientes por nuestra persona, como quisiéramos, por estar ocupado en esta ciudad de Granada en la defensa de nuestra Iglesia, dimos nuestra comisión, y toda nuestra autoridad, que para este caso se requería, a tres de nuestros hermanos, dignidades de nuestra Santa Iglesia de Guadix, al arcediano, maestrescuela y chantre de ella, hombres doctos, doctores en santa teología y sagrados cánones, versados en todas las ciencias humanas, a cuyas personas se pueden fiar cosas tan graves, ordenándoles que fuesen al dicho lugar de Abla, o a cualquier otra parte que fuese menester, y ante notario apostólico inquiriesen e hiciesen averiguación de si en la dicha villa de Abla, donde se dice haber padecido los gloriosos mártires San Apolo, San Isacio y San Crotato, había algunos vestigios, ruinas, escritos, piedras o tradición alguna de haber sido lugar populoso de romanos, que fue el tiempo en que estos santos padecieron, y de su martirio o de sus santas reliquias.

Y habiendo ido y hecho cuantas diligencias se pudieron, tomando muchos testigos ancianos, leyendo letras estampadas en piedras, viendo con sus ojos todos los puestos donde podía inferirse lo que se deseaba y buscaba, de todo hallaron, y actuaron ante el dicho notario, que la dicha villa de Abla fue lugar populoso de los romanos, donde tenían guarnición de muchos soldados, por muchas ruinas que se descubrieron y piedras escritas que lo manifiestan, y ser verosímil que allí padecieron martirio estos gloriosos santos como dice Flavio Dextro, y el puesto donde parece ser que padecieron o fueron colocadas o enterradas sus santas reliquias por haber visto muchas personas en los tiempos pasados y presentes muchas luces de noche y de día, como hachas encendidas que yéndolas a buscar desaparecían, y muchas apariciones como de personas blancas y hermosas, algunas veces tres juntas y otras dos y otras una, en diferentes tiempos, y por haberse oído músicas celestiales diciendo letanías con nombres de otros santos de los que contiene la letanía de la Iglesia, y porque el dicho puesto donde hay indicios de que allí padecieron o están las santas reliquias de estos santos mártires ha sido preservado de los rigores de los elementos sin que se haya allí langosta, granizo ni tempestad que ofenda a los frutos, padeciendo los lugares circundantes todas estas plagas.

Y así, movidos por las relaciones de cosas tan maravillosas y tan exactas y cuidadosamente averiguadas, habiéndolo conferido con el ilustrísimo señor cardenal Spínola, arzobispo de esta ciudad de Granada, y con otros muchos varones doctos y religiosos de esta ciudad y tomado el parecer y consentimiento de los venerables hermanos nuestros deán y Cabildo de nuestra Santa Iglesia de Guadix, y habiendo dado cuenta al abad y Cabildo de nuestra Santa Iglesia Colegial de Baza:

Mandamos que a gloria y honra de Dios nuestro señor y de sus santos mártires San Apolo, San Isacio y San Crotato, como santos que tenemos por cierto padecieron glorioso martirio en nuestro Obispado y son por esta razón patronos y defensores de él, que en él, de hoy más para siempre jamás en todos los siglos venideros, se les haga fiesta que sea de guardar en la dicha villa de Abla y allí se celebren con cuanta solemnidad se pueda, rezándose como patronos doble de primera clase, y en todas las demás iglesias, así en la Catedral de Guadix como en la Colegial de Baza y en todas las demás parroquiales, conventos de religiosos y religiosas de cualquier orden que sean de nuestro Obispado se rece doble de tercera clase, todos los años perpetuamente desde las primeras vísperas de veinte de abril hasta todo el día siguiente veintiuno del dicho mes que es en el que gloriosamente padecieron estos santos mártires triunfando de los tiranos de la tierra y de todo el infierno, entrando gloriosamente en el cielo.

Y porque este presente año de mil seiscientos veintinueve no se ha podido celebrar esta festividad en los dichos días veinte y veintiuno de abril, mandamos se haga la fiesta con la solemnidad que se pudiere en la dicha villa de Abla y todas las iglesias de nuestro Obispado el jueves que se contarán diez días de mayo próximo que vendrá, empezando las vísperas del nueve de dicho mes de mayo, según y como va mandando y dispuesto en este nuestro mandamiento, lo cuál encargamos y rogamos que nuestros hermanos deán y Cabildo de nuestra Santa Iglesia de Guadix así lo cumplan, y mandamos a los demás sacerdotes y clérigos de la dicha nuestra Santa Iglesia que lo cumplan como en nuestro mandamiento se contiene.

También mandamos que aquel lugar en que Dios ha querido mostrar con tan singulares señales, que padecieron sus santos o estuvieron sus santas reliquias, se tengan de aquí en adelante en gran veneración y se reverencien como lugares de oración, donde Dios tiene singular concurso. Y en tanto que allí se edifica iglesia o ermita se pongan cruces y se procure que como lugar santo de ninguna manera se profane.

Y exhortamos y encargamos a todos los fieles súbditos nuestros tengan por singulares devotos a estos gloriosos santos y pidan a nuestro señor por su intercesión nos acabe de descubrir el tesoro de sus santas reliquias y nos dé gracia para que le sirvamos en esta vida y vamos a gozarle en la otra como ellos le gozan.

Y de la notificación y cumplimiento se nos dé aviso con toda brevedad.

Dada en Granada a dieciocho de abril de mil seiscientos veintinueve.

Fray Juan, obispo de Guadix.

Por mandato del obispo mi señor, el licenciado Damián Jiménez Castellanos, secretario.
[Archivo Histórico Diocesano de Guadix, carpeta 3391]



Santos Mártires Isacio, Apolo y Crotato [de izq a derec]
Capilla de la Virgen de la Esperanza, Catedral de Guadix



Curiosamente las primeras fiestas de Abla se celebraron el nueve y diez de mayo de 1629 por un motivo que el mismo obispo reconocía al redactar el Mandamiento [Y porque este presente año de mil seiscientos veintinueve no se ha podido celebrar esta festividad] sabedor que cuando se recibiese el mandato en las parroquias del Obispado y en Abla ya habrían pasado días desde la redacción del mismo el 18 de abril. Sabedor que en 1629 había un problema que hoy no tenemos, las comunicaciones.

Y aunque ese año de 1629 tuvimos que celebrar las fiestas en mayo, aunque desde ese año en que era rey de España Felipe IV, Sumo Pontífice Urbano VIII y Arzobispo de Granada Agustín de Spínola Bassadone ha llovido mucho, creo que hemos cumplido con lo que se nos encomendó, construimos una ermita para nuestros mártires, decidimos que nuestros muertos debían descansar junto a ellos, decidimos celebrar otras fiestas en verano para que nuestros paisanos que tuvieron que emigrar pudieran conmemorar también a sus Patronos y estos días de abril fueron y son los más grandes para todos los abulenses, y si Dios quiere y la luna así lo desea, seguirá siendo así [de hoy más para siempre jamás en todos los siglos venideros]



Ermita de los Santos Mártires, Abla



¡Felices Fiestas Patronales!





Abla 1953. Unas manos, un Cristo. VII·IV·MMXI

Cristo de la Paz con su autor


Corría el año 1943 cuando con tan sólo catorce años había comenzado a trabajar como aprendiz en la sección de escultura en los Talleres de Arte Granda, hoy en Alcalá de Henares, Madrid, una de las casas de arte religioso más grandes de España. Dos años antes había fallecido su padre, D. José Villa, escultor imaginero que trabajaba como encargado de la sección de escultura de estos mismos talleres, y quizás por ello y desde el principio, Félix Granda, el fundador de Arte Granda, había ejercido en él casi labores de tutor por la amistad personal que tenía con su padre. En este mismo taller sería donde conoció a Juan Barjola y a Eduardo Capa.


Félix Granda, 1868-1954

Ya con dieciocho años decidió compaginar su trabajo con las clases de dibujo al natural que se impartían en el Círculo de Bellas Artes, donde disfrutó de la condición de becario durante cuatro años y comenzó también entonces a presentarse a concursos como la Exposición de Pintores y Escultores de África, donde consiguió una medalla en dibujo y escultura, además de un viaje a Marruecos.

Cumplida la edad de veintidós años había alcanzado ya el mismo nivel de oficio que el resto de la plantilla de escultores, todos ellos mayores que él y formados en la Escuela de Bellas Artes. Finalmente, decidió abandonar el taller debido a las luchas internas en la sección, "donde le hacían la guerra sus compañeros escultores", quizás a causa de la especial atención que le dedicaba Félix Granda.

Por otro lado es en el Círculo de Bellas Artes donde había entrado en contacto con parte de los artistas de su generación. Coincidió allí con compañeros como Alcorlo, Lapayese, Ávalos, Pernias, Benítez, los hermanos López Hernández, Antonio López, Higinio Vázquez, José Ortega, Pablo Núñez, Cristino Vera y Julio Álvarez.

Contaba los veinticuatro años cuando Julio Álvarez, en calidad de organizador junto a Juan Genovés, Adela Parrondo y Ángel Duarte, le invitó a participar en la Primera Exposición de Primavera al Aire Libre, celebrada en mayo de 1953 en la Casa del Pobre y del Rico de los Jardines del Retiro madrileño. Conoció, con ocasión de este certamen, a sus primeros compradores: el neurocirujano José Ramón Boixadós, que le compró la talla en madera Eva, y la escritora Francisca Sáenz de Tejada –autora, bajo el seudónimo de Gracián Quijano o el Padre Pareja, de la serie "Tres en Uno" en la popular revista Chicos–, que le compra una maternidad en madera.

Es en esta exposición donde surge una relación de amistad con el citado José Ramón Boixadós y con un colega de profesión que le acompañaba llamado Joaquín Martínez Piqueras y sería este último el que le expondría su deseo y el de su hermana Casilda de encargar una escultura especial, una escultura que debía ser un Cristo, un Cristo que deseaban para Abla, en Almería, su pueblo natal, una escultura que iba a ser la primera obra por encargo de su vida.

Respondiendo a esa invitación, lo primero que hizo el escultor fue un boceto: un pequeño Cristo en madera de abedul, hoy en paradero desconocido, que, al ser del agrado de Casilda, amante de la escultura religiosa y devota cristiana, resultó decisivo para seguir adelante con el encargo, además de constituir la simiente de una duradera amistad.

Le encargaron entonces la figura, que acordaron que fuera de 1,70 m de altura y en buena madera, con objeto de que perdurara en el tiempo y que la pieza no fuera policromada, pudiendo así apreciar la veta y el color natural de la misma. En el taller de un ebanista amigo, escogió personalmente unos tablones de nogal, madera de muy buena calidad: sin nudos, de buena veta y bien seca, que costo 10.000 pesetas, de las de entonces. Ilusionado por realizar esta su primera obra de encargo, que podría firmar como autor, no miró mucho el dinero. La obra costó en total 32.000 pesetas. En un mes largo había conseguido que aquellos tablones, destinados a ser un mueble, de madera dura pero noble y dócil a la gubia, desvelaran la imagen que él había imaginado. Había imaginado a Nuestro Señor Jesucristo muerto, con la lanzada en el costado y aún en la cruz. Al término, la familia Piqueras visitó su taller para ver la imagen; impresionados, comentaron que "además de hermosa, era muy sentida en lo religioso".

Autor, en su taller ultimando la obra


Llevó consigo la escultura en tren hasta Guadix, donde le esperaba un camión contratado por Joaquín Piqueras para transportarla hasta Abla. El conductor, al cargar la imagen, se emocionó al sentir un temblor en sus rudas manos; “y esto que cuento no es literatura ni fantasía” relataría el autor.

Fue esta su primera visita a Abla, a la que siguieron otras, invitado por sus mecenas y amigos, Casilda y Joaquín Martínez Piqueras. Ya les uniría una amistad duradera hasta la muerte de los hermanos Piqueras, 2008 en el caso de Joaquín y 2001 en el caso de Casilda.


Joaquín Martínez Piqueras y el escultor, Abla 1954 

Ese Cristo que llegaba a Abla sería el Cristo de la Paz, y ya nunca abandonaría el pueblo.

Cristo de la Paz, fachada de la iglesia de La Anunciación


Una firma en el talón derecho del Cristo, autentifica la obra y otra marca en el anverso del cuerpo de la cruz nos recuerda también al autor.


Firmas de autor

El protagonista de esta historia es el escultor Antonio Villa de Isidro, nacido el 14 de febrero de 1929 y que hoy 82 años después mantiene su dedicación a la escultura y el dibujo.

Aún siendo el autor no sólo del Cristo de la Paz, sino también del San José policromado que hay en el altar mayor de nuestra iglesia parroquial, lamentablemente es un desconocido para la mayoría de nuestros paisanos.


San José policromado

Este pequeño relato histórico permite conocer un poco más la importancia artística del Cristo de la Paz, y estas pequeñas pinceladas de la vida del autor nos permite conocer al mismo, cuya trayectoria humana y profesional es realmente impresionante, la cual, he querido detener en el momento de la composición del Cristo, pero que será conocida en su totalidad por todos los abulenses próximamente en el marco de la exposición Martyrium.

La amistad surgida entre la familia Piqueras y Antonio Villa llegó hasta el punto de que ambos hermanos fueron los padrinos del hijo de Antonio, Joaquín Villa.


Casilda y Joaquín Martinez Piqueras, padrinos de Joaquín Villa


Este año, 52 años después de que el Cristo entrara en el templo de Abla, la fusión de Cofradías de Abla, ha decidido crear la Hermandad o Cofradía del Cristo de la Paz, con el objetivo de hacer una procesión con él tras la Hora Santa del Jueves Santo por calles de nuestro municipio, que actualmente no entraban  en el circuito de las procesiones más significativas de la Semana Santa abulense, un acto de estación de penitencia cuya característica principal será el “Silencio.

Posiblemente, después de acompañar a esta maravillosa obra de arte por las calles del pueblo, sin luz, alumbrados con fuego y en silencio absoluto, el sentimiento general de los abulenses será el mismo que pudo sentir el autor cuando realizo su obra...Paz


Cartel Semana Santa, Abla 2011


Agradezco el trato amable, cariñoso y constante recibido por D. Antonio y por su hijo D. Joaquín Villa.

Igualmente he de destacar la labor de investigación realizada por la Parroquia de La Anunciación de Abla sin la cuál hubiese sido imposible localizar al autor. 

Y deseamos que esas manos que un día crearon una parte de nuestro patrimonio histórico, cultural y religioso, vuelvan a sentir el tacto de esa obra que usted, D. Antonio Villa de Isidro imaginó, de madera dura pero noble y dócil a la gubia.



Abla y Abrucena. La guerra de los 300 años. XVI·III·MMXI


Desavenencia y rompimiento de la paz entre dos o más potencias.
Lucha armada entre dos o más naciones o entre bandos de una misma nación.
Pugna entre personas.
Lucha o combate, aunque sea en sentido moral.
Oposición de una cosa con otra.

Con estas frases define la Real Academia Española la palabra “guerra”, frases que resumen perfectamente los hechos acontecidos entre las  poblaciones vecinas de Abla y Abrucena hace ya bastantes años.

Corría el año 1273, según las principales fuentes, cuando los vecinos de Abla y Abrucena compraron los derechos del agua procedente de Sierra Nevada al rey de Granada Muhammad I. Sin detenernos demasiado en si el rey podría haber sido Muhammad I o su hijo Muhammad II, pues en ese mismo año reinaron los dos, daremos por cierto el año de 1273, y como rey a Muhammad I pues también coincidiría con la otra posible fecha de la compra que en alguna fuente se produjo en 1267.

Muhammad I

Aunque la compra del agua se hizo conjunta, el enfrentamiento entre los dos pueblos no tardaría en empezar y no sería hasta enero de 1356 cuando se firmaría por escrito el reparto del agua quedando para Abla un tercio de la misma y para Abrucena los dos tercios restantes.
Este acuerdo fue ratificado en 1385, 1386, 1409 y en 1420 dejando bien claro los reyes Muhammad V, Yusuf III y Muhammad IX respectivamente que este reparto debía respetarse siempre.

Los problemas comenzaron por un motivo bien sencillo, la situación de Abrucena es más elevada a la de Abla y esto les permitía tener el control total del flujo de agua procedente de Sierra Nevada que iba hacía Abla.

Abla en primer plano, al fondo Abrucena

Tras la reconquista en 1494 se le concede a Guadix la facultad de elegir “alcaides de las aguas” cada año, los pleitos serían vistos por estos alcaides y si no había acuerdo se podría apelar a la Chancillería de Granada donde había un tribunal de las aguas que se crearía más tarde, concretamente en 1501.

En 1527 volvieron a surgir los enfrentamientos entre los dos pueblos ya que los vecinos de Abrucena cortaron el agua que le pertenecía a Abla por derecho.
Entonces en enero de ese año el emperador Carlos V ordenó a las justicias de Guadix que se respetara el concierto entre los dos pueblos.

La resolución del alcaide mayor de Guadix, Melchor de la Plaza, fue ordenar que los vecinos de Abrucena dejaran correr el agua para que Abla regara y si no obedecían les sería impuesta una multa de 5.000 maravedíes para cada vecino que se negara.
Los de Abrucena se negaron y argumentaron que el tercio del río sólo les pertenecía a los abulenses durante los meses de marzo, abril y mayo, y pidieron elevar el caso hasta Granada.
Por su parte los vecinos de Abla expusieron que todas aquellas argucias legales sólo pretendían retrasar la llegada del agua a sus cultivos y que la población tampoco tenía ya agua para sus necesidades, pidieron expresamente que se aplicara justicia para evitar que se perdieran las cosechas, y frenar males mayores como enfrentamientos y muertes entre los habitantes de los dos pueblos.

El juez y las autoridades alarmados se trasladaron al partidor del agua en Abrucena y obligaron a dar agua a Abla, también les comunicó a las partes que el caso sería otra vez tratado por los alcaides de las aguas de Guadix y que si no estaban conformes con la resolución podrían apelar a la Chancillería.
Los abulenses redactaron entonces un escrito a los alcaides de las aguas de Guadix aportando todos los datos y documentos sobre los derechos que tenían sobre el tercio del agua, aparte solicitaron que les fuesen pagados los daños y pérdidas de sus cosechas que ascendían a 50.000 maravedíes, los de Abrucena por su parte dijeron que no estaban de acuerdo con esas peticiones y que sólo querían elevar el caso a la Chancillería de Granada.

En el juicio quedó demostrado que el agua había sido comprada por ambos pueblos al rey de Granada en 1267 o en 1273 y que en 1356 habían acordado que un tercio sería para Abla y dos tercios para Abrucena.

En las declaraciones se puede ver la diferencia de criterio entre los testigos de Abla y los de Abrucena. Por ejemplo Francisco Zenzen declaró que Abla tenía derecho al tercio del agua;
  • [...ansy dende que comenzaba de regar los trigos y cebadas como quando regavan los panizos e alcandías...]
Por su parte Benito de Hoya explicó que el reparto sólo se hacía;
  • [...por el tiempo del Ayerva ques en marzo e abril e mayo e que no se acuerda della en otro tiempo...]
Y así todas las declaraciones se fueron declinando hacía una parte u otra según fuese el pueblo de orígen del testigo, con la única certeza que a Abla le pertenecía el tercio del agua pero sin llegar a dilucidar si era durante todo el año o solamente durante esos tres meses.

Sin embargo, a pesar de que el caso estaba claro por la existencia del concierto de 1356, los vecinos de Abrucena no cesaron en su empeño de secar literalmente a Abla. Ambas poblaciones tuvieron enfrentamientos graves pues no sólo se cortó varias veces el agua de regadío sino que asimismo cortaron el agua para beber. Esta situación motivó que los abulenses tuvieran que reaccionar de una forma contundente en vista de que la justicia llegaba tarde, mal y nunca.

Podemos ver testimonios tan escalofriantes como el siguiente que muestra hasta que punto llegó la situación entre los dos pueblos,  Gastón de Caizedo dice así;
  • [...en un día de este mes de mayo y como presente vinieron las partes contrarias con gran grito y alboroto desde el lugar de Abla armados unos con piedras y otros con azadones y otros con palos y otros con hachas, y diciendo mueran, mueran los de Abrucena, y llegaron al lugar de Abrucena...]
Incluso otro testimonio relataría como cierta vez los de Abla se llevaron el agua junto con varios rehenes de Abrucena para que no la cortaran y evitar también ser atacados.

Los conflictos continuaron en 1532 y en 1533 hasta que por fin para evitar los continuos enfrentamientos y recursos contra las decisiones de los jueces, tuvieron que trasladarse éstos al partidor del agua y efectuar ellos mismos el reparto.
Y no debieron  solucionarse por completo los conflictos pues más de 200 años después, en 1751, el abulense Manuel de Bazán relatará los litigios contra el Concejo de Abrucena por lo mismo...por el agua, aunque ni mucho menos de la gravedad de los hechos acontecidos entre 1273 y 1533.


Archivo de Bazanes, fragmento

El agua, ese bien que es el más preciado por el hombre, ese bien que motivó la desavenencia y rompimiento de la paz entre Abla y Abrucena, ese bien que provocó la lucha armada entre Abla y Abrucena, ese bien que ocasionó una pugna entre vecinos, ese bien que declaró una guerra, una guerra que duró casi 300 años.


Rin y Rubicón. De gigantes y hombres. XV·I·MMXI

Cruzar un río no parece un acto memorable ni digno de admiración o estudio hoy en día y seguramente lo que uno diga o haga para cruzarlo no presenta mayor tiempo de debate que el tiempo que tardo en escribir estas líneas, pero hubo un tiempo lejano en el que ese hecho que ahora resulta insignificante hacía historia, y he querido, pues creo merece un lugar en este blog, recordar dos hechos relacionados con cruces de ríos, curiosamente protagonizados por el mismo actor, Cayo Julio César.

César


El primer episodio que entiendo merece cierta admiración y que puede ser un tanto desconocido para el lector curioso se produjo en el año 55 a.C. año en el que un tal Julio César al mando de 40.000 hombres se dispuso a cruzar el río Rin, la frontera natural entre la Galia y la Germania, al otro lado le esperaban entre 150.000 y 450.000 germanos y os invito a ver el siguiente vídeo para comprender hasta que punto llegaba el ingenio de este general y de sus hombres;




Cruce del río Rin, 55 a.C.


Diez días, sencillamente impresionante, se podría decir más alto pero no más claro, y lo más llamativo es que había sentado las bases de lo que algunos siglos más tarde se conocería como “guerra psicológica”.

Seis años más tarde se produciría el cruce de otro río, el Rubicón, cruce que quizás sea el más famoso entre nosotros por el recuerdo que nos viene a la cabeza de la famosa y supuesta frase pronunciada por el protagonista “la suerte está echada”.

El cruce del río Rubicón por Julio César la noche del 11 al 12 de enero del año 49 a.C. es sin duda uno de los episodios sobre los que más se ha escrito y discutido en toda la historia de la humanidad, y sobre lo que pasó en ese preciso momento o que ocasionó realmente esa actitud de César contra el orden establecido se ha dicho de todo, pero hoy intentaremos detenernos en analizar lo que aproximadamente pudo pensar este gigante entre hombres en ese instante exacto, en el que el romano que más gloria le había dado a Roma tuvo que volverse contra ella, el momento en el que el general entre generales decidió cruzar la frontera natural establecida entre Italia y la Galia Cisalpina, la frontera que ningún general romano al mando de una legión debía cruzar bajo ningún concepto. Pero él, al mando de una legión, la número 13 Gemina, decidió cruzarlo, él, con menos de 5.000 hombres se dispuso a conquistar Roma.

Río Rubicón

La autora australiana Colleen McCullough describió brillantemente lo que pudo pasar por la cabeza de este general momentos antes de este hecho histórico;
[…Arreó al animal para ponerse en cabeza y cabalgó a paso tranquilo por la hierba otoñal que amarilleaba, adentrándose entre los árboles en dirección al centelleante río. Y allí, en la orilla, se detuvo.
Aquí está. Todavía puedo darme la vuelta. Todavía no he abandonado la legalidad, la constitucionalidad. Pero ya sé todo esto. Lo sé desde hace dos años. He pasado por todo: he pensado, he proyectado, he programado, me he esforzado muchísimo. He hecho concesiones increíbles. Incluso me hubiera conformado con Iliria y una legión. Pero en cada paso del camino he sabido y he comprendido que ellos no cederían. Que estaban decididos a escupirme, a hundir mi cara en el polvo, a reducir a la nada a Cayo Julio César. Que no es nada. Que nunca consentiría ser nada. Tú lo has querido, Catón. Ahora puedes conseguirlo. Tú me has obligado a marchar contra mi patria, a volver la cara contra la legalidad vigente. Y tú, Pompeyo, estás a punto de descubrir cómo es enfrentarse a un enemigo de verdad competente…¿Qué hay al otro lado del Rubicón? ¿Cuántas legiones habrán logrado reunir? ¿Cuántos auténticos preparativos habrán llevado a cabo? Estoy basando toda mi campaña en una corazonada que me dice que no han hecho nada….De pronto echó la cabeza hacia atrás y empezó a reírse al recordar un verso de Menandro, su poeta favorito. -¡Que vuelen alto los dados!- exclamó en el griego original del verso. Después espoleó suavemente a Toes en las costillas, cruzó cabalgando el Rubicón y entró en Italia y en la rebelión…]
En el siguiente vídeo podemos ver la que creo es la mejor adaptación del momento justo antes de este hecho histórico que cambió el mundo para siempre, y en el que se puede ver algo significativo y que muchas veces ha pasado desapercibido en la historia, la devoción de los legionarios hacía su cónsul y general. Algunos autores afirman que César conocía a todos sus hombres y los llamaba por su nombre y les preguntaba habitualmente por su familia, algo que para un legionario de la época era la muestra más grande de dignidad y respeto. Pero sin entrar en si algo tan espectacular como es que un hombre conozca el nombre y la vida de 40.000 soldados pudiese ser cierto o no, lo que si parece cierto es que la clave de César fue consultar a sus tropas sobre todos sus actos, haciéndoles partícipes de cualquier actuación, lo que hizo que cualquier soldado, por raso que fuese se sintiese el actor principal de la "obra de César", veamos la adaptación;




Cruce del río Rubicón, 49 a.C.


No comparto la idea universalmente extendida que dice que César dijo justo antes de cruzar el Rubicón, según Suetonio [la suerte está echada "allea iacta est"] ya que lo históricamente cierto es que recordó a su autor favorito, Menandro, y lo que seguramente recitó fue un verso en griego y no en latín de este autor, que venía a decir según Plutarco [que vuelen alto los dados o que el dado sea lanzado "ανερριφθω κυβος"] y creo que gana Plutarco pues existió un testigo presencial de los hechos que lo corroboró, Gayo Asinio Polión y aunque pudieran asemejarse en el significado las dos frases, realmente no es así, ya que, "la suerte está echada", es una frase más bien negativa, en la que nos ponemos en manos del destino, pues ya han sido lanzadas las suertes o los dados, para lo bueno y para lo malo, frase que nos puede dar a entender que no hay posibilidad de dar marcha atrás, en cambio, "que vuelen alto los dados", implica un carácter más positivo, ya que César vino a decir, ¿quereis jugar? pues vamos! y no tengo miedo de lo que digan los dados al caer al suelo, lo que quiero es jugar, y ordeno que se juegue y mientras todos miráis los dados como vuelan, yo, Cayo Julio César estoy en las puertas de Roma, y esta vez no cometeré el mismo error que cometió Aníbal.

Curiosamente César tomó Roma sin derramar una sola gota de sangre, sus enemigos habían huido, y las ciudades fueron abriendo sus puertas a César a su paso, o eso cuentan los vencedores.

Pero sucediera lo que sucediese y se dijera lo que se dijese, lo realmente cierto es que en un periodo de tiempo extremadamente corto, la historia reunió a gigantes como Mario, Sila, Cicerón, Catón, Bruto, César, Casio, Marco Antonio, Pompeyo, Octavio Augusto.... un tiempo en el que algunos cruzaban ríos y en el que todos hicieron historia. Historia que se resume en una sola cita;

Cuando los Dioses ya no existían y Cristo no había aparecido aún, hubo un momento único, desde Cicerón hasta Marco Aurelio, en que sólo estuvo el hombre.

Abla 1568. Navidades de sangre. VI·I·MMXI

[Historia es, desde luego, exactamente lo que se escribió, pero ignoramos si es exactamente lo que sucedió]
Así sentenció Enrique Jardiel Poncela lo que para él era la historia y su estudio, y ciertamente acertó en definirla como incierta, de igual modo que relataría Cicerón, ya que ésta no quedaría exenta de la manipulación del hombre, reflexión que se puede ampliar con la máxima que dice que la historia la cuentan los vencedores y nunca los vencidos. Pero aún así intentaremos desgranar los motivos que provocaron la revuelta morisca que ocasionaron los terribles sucesos que comenzaron en las navidades de 1.568 y que, según las crónicas, fijan nuestro pueblo, Abla, como uno de los focos principales de la rebelión.

En la obra de Juan de Ferreras, fechada en 1.725, “Historia de España. Siglo XVI. Parte Decimocuarta”, encontramos un apartado que relata la rebelión en Abla y Abrucena, dice así;
[…En el Obispado de Guadix se levantaron los Moriscos de Abla, y Lauricena, llevando dos compañías de infieles, que envió el Gorri, y apenas entraron, cuando destruyeron las Iglesias, y las saquearon matando los Cristianos, que pudieron haber a las manos, y los de Abla habiendo destruido el Altar Mayor, y hecho pedazos los retablos, sobre el mismo Altar Mayor degollaron un puerco, y hicieron otros muchos sacrilegios, y recogiendo sus mujeres, y hijos, los enviaron a la Alpujarra, y luego fueron todos a levantar a Fiñana, y los lugares del Marquesado del Zenete; pero los Moriscos de estos lugares no quisieron levantarse por entonces…]
El hecho prácticamente innegable en la actualidad es que el viernes, día de la nochebuena de 1.568 comienza el alzamiento morisco en las Alpujarras almerienses y granadinas, rebelión que también se inicia en la serranía de Ronda y en gran parte de la Axarquía de Málaga.

Juan de Ferreras

En Abla, parece ser que esta revuelta se inicia el 27 de diciembre de 1.568 y la población morisca abulense se une rápidamente a la revuelta como podemos ver en la siguiente crónica;
[…Tiene Guadix a poniente y al cierzo los términos de la ciudad de Granada, al mediodia el Marquesado que dicen del Zenete, que es tierra de señorío, y la Sierra Nevada, y a levante la ciudad de Baza. Caen en sus términos veinte y quatro lugares, sin los del Marquesado del Zenete, cuyos nombres son estos, La Peza, los Baños, Veas, Alares, Purrillena, Almáchar, Cortes, Greyena, Lúbros, Fonelas, Lopera, Darro, Diezma, Moreda, Alcudia, El Sigeni, Salabin, Cogollos de Guadix, Paulanza, Ixfiliana, Fiñana, Gor, Abla y Lauricena. Toda esta tierra es muy fértil, abundante de pan y de muchos granados; criase en ella mucha seda de morales, y los lugares estaban poblados por la mayor parte de Moriscos; y aun en la propria ciudad había más de quatrocientas casas de ellos, en medio de la cual está un castillo antiguo y maltratado, puesto en lo más alto de ella. Solo dos lugares de los que hemos dicho se alzaron en esta rebelión, que eran de señorío, llamados Abla y Lauricena, y estos están a la parte de Sierra Nevada…]
Pero incluso algunos abulenses llegan a capitanear algún que otro asalto a otras poblaciones en el inicio de la revuelta, como demuestra la crónica de Luís del Mármol Carvajal;
[…Los lugares de Iniza y Guarros fueron los primeros que se alzaron en esta taa el viernes víspera de pasqua de navidad. Lo primero que los rebeldes hicieron fue ir a casa de su beneficiado, que se decía el bachiller Biedma; y no le hallando allí, porque oyendo el alboroto se había escondido en la casa de un vecino que tenía por amigo, le saquearon la casa. Luego fueron a la iglesia y la destruyeron y robaron sin perdonar cosa sagrada, y la quemaron; y con deseo de vengar su ira en el sacerdote de Jesu-Christo, fueron a la casa donde estaba, y rompiendo las puertas, le sacaron y le llevaron desnudo y descalzo, las manos atadas atrás, por las calles haciéndole muchos malos tratamientos; y presentándole delante de los monfis y de los regidores de aquellos lugares, le dixeron dos de ellos, llamados Benito de Abla y Diego de Abla, si quería ser Moro, y que le dexarían la vida. Y como les respondiese, que tenían poca necesidad de darle tan mal consejo, porque él era Christiano, sacerdote de Jesu-Christo, y que había que morir por su santa fe catholica, le hicieron asentar en el suelo delante de ellos, y mandaron a los Moros mancebos que le jugasen a la ballesta; y después de haberle asaeteado, le dieron munchas cuchidadas y lanzadas; y echandole una soga al pescuezo, le entregaron a los muchachos, que lo llevasen arrastrando hasta un barranco fuera del lugar…]
Estos sucesos ocurrieron en los anejos de Paterna del Río, la desaparecida aldea de Iniza y la aún existente Guarros, cuyo artesonado de su iglesia nos muestra nuestro vínculo mudéjar.

Iglesia de Nuestra Señora del Rosario, Guarros


Y la pregunta es bien sencilla, ¿Por qué se llegó a esta revuelta y en ese preciso momento?

Para ver la respuesta más aceptada por los historiadores tendremos que mirar muchos años atrás, concretamente hacia 1.526, en este año se aplica el “Decreto de la Junta de la Capilla Real de Granada”, este decreto regula de forma contundente la vida privada de los moriscos, su fe y sus costumbres, pero los moriscos consiguen prorrogar la aplicación del decreto ante el emperador Carlos I, comprando con dinero su aplazamiento durante 40 años.

Cuando pasan estos 40 años de prórroga, en 1.566 los sectores más radicales intentan de nuevo que se aplique, pero el rey Felipe II no está por la labor, sabedor de que ocasionará una revuelta, aunque al final cede y le encarga la redacción al inquisidor general Diego de Espinosa, personaje al que se le atribuye la autoría de dicho edicto real conocido como “Pragmática Sanción de 1.567”, edicto que empezó a hacerse cumplir el 1 de enero de 1.567.

Felipe II

El edicto pretendía que los moriscos cambiasen su forma de vida y a modo de ejemplo citaré algunos puntos del edicto; los moriscos tenían la obligación de aprender castellano en un plazo de tres años, pasados los cuales sería un delito escribir, hablar, o leer en lengua árabe, sus nombres árabes serían cambiados por nombres castellanos, se les obligaba totalmente a abandonar todas sus costumbres, incluso a bañarse, etc… con todos estos antecedentes parecen claros los motivos que desencadenaron la revuelta de 1.568, pero nada más cercano a la realidad, éste edicto fue la gota que colmó el vaso, pero el vaso estaba ya medio lleno hacía tiempo, como veremos.

El historiador accitano, Carlos Javier Garrido García, expone una causa principal de la revuelta, causa que comparto totalmente, la causa no es otra que de carácter socioeconómico;
[…La represión desplegada por las autoridades castellanas sobre las manifestaciones religiosas y culturales de los moriscos…se ha considerado siempre como la principal razón de las tensiones entre las comunidades castellana y morisca. Ello, siendo cierto, ha escondido las tensiones económicas, entre ambas comunidades, tensiones que también coadyuvaron, y en un grado nada despreciable, a la rebelión morisca de la navidad de 1.568…]

Carlos Javier Garrido expone a modo de ejemplo la situación en Guadix, Marquesado de Cenete y Fiñana, justo antes de la rebelión, en la que se puede palpar la diferencia existente entre castellanos y moriscos;
[…En las tres localidades de la zona habrá un total de 589 casas para igual número de vecinos, de los que la mayoría (468 vecinos) corresponderán a moriscos, mientras que los castellanos supondrán un contingente importante sólo en la repoblada Fiñana, donde se asentaban 100 vecinos castellanos, el 40% de su población total. Frente a su menor valor demográfico, los castellanos desarrollaron un fuerte movimiento de acumulación de propiedades. Así poseerán el 63,6% de los hornos de pan, el 50% de los molinos de aceite, el 30% de las tierras de regadío, el 67,6% de las de secano, el 42,7% de las viñas, y el 58,5% de la seda. Sólo en los casos de los molinos de pan, las huertas y el aceite, los castellanos tendrán un porcentaje inferior al de su volumen demográfico, seguramente por su menor inclinación a estas actividades productivas. Además, muchas de las propiedades que en el apeo eran definidas como de moriscos estaban hipotecadas por censos a favor de castellanos o bien eran propiedades de castellanos cedidas a los moriscos en censo perpetuo…]

Viendo estos datos se puede entender la causa principal de la rebelión de 1.568, pero otra pregunta puede asaltar al lector curioso. Si los castellanos dominaban la situación… ¿Por qué se promulgó el edicto que desencadenó la rebelión?.

Y ciertamente es una buena pregunta, para la que hay varias respuestas, la primera puede ser el miedo que había al Imperio Turco que junto a sus aliados del norte de África buscaban debilitar el poder imperial español, y como no, la población morisca había colaborado con éstos tanto en personal militar como con espías, ese miedo a una invasión musulmana empezando por Granada motivó un pánico silencioso como en el caso que ya vimos de Roma y Cartago, otro motivo era la proliferación de salteadores o bandoleros moriscos “monfies” que no paraban de atacar abiertamente a la población cristiana, y el último motivo puede ser un intento de homogeneizar la sociedad española del Estado Moderno.

Sea lo que sea, una cosa está clara, el principal motivo que llevó a estos sucesos, fuera de ideas, creencias o costumbres, fue el cáncer que ocasiona todos los males de la tierra y que ocasionó todos los males de la historia, el dinero.

Empezamos este pequeño relato con una cita de Jardiel Poncela y creo que deberíamos finalizar con otra de Montesquieu que dice así;

[Feliz el pueblo cuya historia se lee con aburrimiento]


Ya quisiera yo aburrirme con la nuestra.

Juan Sánchez. Crónica de una muerte anunciada. XIX·XII·MMX

En la pasada entrada recordamos la figura del doctor Joaquín Sicilia y Gallego y el magnífico relato que hizo sobre la epidemia de cólera morbo de 1855. Hoy he querido volver a hacer hincapié en este personaje,  y hoy vamos a poner la mirada un poco más atrás.




En el periódico médico nacional "Archivo de la medicina española y estrangera"  volvemos a encontrar un relato de nuestro querido paisano, concretamente en el número 4, tomo I, fechado en abril de 1846, página 279, nuestro doctor nos relatará el  caso de Juan Sánchez, caso que creo merece un lugar en este blog, dice así;  
Juan Sánchez, natural de Abrucena, edad 24 años, temperamento sanguíneo y ejercicio pastor, en vísperas de pascua desolló un cabrito que, según el lenguaje de los pastores, había muerto de endeblez.

A los pocos días le apareció un grano (según dijo) con picazón en el lado derecho del cuello sobre el músculo externo cleido-mastoideo, cerca del ángulo de la mandíbula. Vivía en un cortijo y por consejo de la familia se aplicó un parche de excremento de puerco; pero el mal fue creciendo y por fin se determinó que viniese a Abla en busca mía.

El día 29 de diciembre, primero de observación, noté los síntomas siguientes: inquietud y temores respecto a su porvenir; pulso lleno y frecuente, ojos brillantes, ronquera, disnea y tos seca, dolor de cabeza gravativo, lengua cubierta de una ligera mucosa, poca sed, anorexia, tumefacción edematosa del lado derecho de la cara, cuello y parte superior del pecho, y en el punto indicado una escara gangrenosa. Por de pronto le mandé una sangría del brazo de diez onzas, dieta de sustancia de arroz, y una cataplasma emoliente al punto afecto, dudoso de su verdadera naturaleza, porque no presentaba todos los caracteres de pústula maligna, y no pudieron darme noticia exacta sobre el modo de aparecer. Por la tarde se repitió la sangría, y la disnea remitió. El mismo plan por la noche, añadiendo solamente una infusión de manzanilla con unas gotas de amoniaco, con la advertencia de que me llamasen si ocurría alguna novedad. En efecto, serían las cuatro de la mañana del día 30 cuando me llamaron y le encontré con aumento de todos los síntomas: la tumefacción no permitía abrir el ojo derecho, producía constricción en el cuello, el pecho estaba tumefacto y erisipelado, y había flictenas alrededor de la escara. Le mandé administrar el viático: circunscribí la escara gangrenosa con incisiones que solo interesaron la piel y tejido celular subcutáneo, y apliqué el cauterio actual a la escara. Como esta era extensa y el cauterio no la cubrió toda, quedó un punto sospechoso, y resistiendo el enfermo otra nueva aplicación del cauterio actual, me valí de la pasta de Viena; pero no habiendo graduado bien su aplicación, continuaban los síntomas en aumento hasta que por la tarde hice otra nueva aplicación de dicha pasta, y desde aquel momento dejaron los síntomas de agravarse. Le mandé unos fomentos de quina y alcanfor al sitio afecto, e interiormente un cocimiento de corteza de encina y quina, y caldo.

Día 31. Pulso sumamente débil; la escara no progresaba, pero el tejido de la circunferencia permanecía débil: adipsia, capa de la lengua mas gruesa, peso al epigastrio. Los demás síntomas lo mismo.
Prescripción: Un emético; fomento de aguardiente alcanforado, caldo con la adicción de una cucharada de vino generoso.

Día 1 de enero. La voz más clara, el pulso más reanimado, la escara limitada por un círculo rojo, la tumefacción había disminuido mucho y la constricción del cuello no era tanta: había algún apetito.
Prescripción: La misma menos el emético.

Día 2. Rotura de flictenas; principiaba la supuración; había sed, lengua encendida y seca sin apetito, dolor al epigastrio, fiebre.
Prescripción: Naranjadas, cataplasmas emolientes al epigastrio, enema emoliente y caldo de pollo: suspensión de los demás remedios internos y continuación de los externos. Por la tarde había desaparecido la sed, la lengua estaba de color natural y no se advertía dolor al epigastrio, apetito, caldo de gallina.

Día 3. Podía abrir los ojos, no había tos ni constricción en el cuello: alrededor de la escara se había establecido la supuración, y de nuevo se presentó el apetito.
Prescripción: Ungüento digestivo para curar la escara y media ración.

Día 4. Seguía mejor y se levantó: ración.

Día 5. En este día me manifestó que quería irse a su cortijo; pero le aconsejé lo dejase para el día 7.

Día 6. Seguía bien.

Día 7. Antes de ir a misa para marchar al cortijo, sintió alguna incomodidad en el estómago, que consistía en un ligero dolor ardoroso y se le advirtió un poco de amarillez, no obstante lo cual fue a misa; pero no bien hubo llegado a la iglesia cuando sintió un dolor fuerte en el estómago y una sensación muy grande de ardor, frío en las extremidades y desmayos. Se le trasladó a la casa y sobrevino un vómito de sangre. Al momento me llamaron y le prescribí una sangría del brazo de diez onzas, cataplasma de hielo al vientre, que no quiso resistir, y una cucharada pequeña de posca helada, de tres en tres minutos: de dos en dos horas una dosis de cocimiento de raíz de ratania. A las doce de este día repitió la gastrorragia y le añadí paños fríos de oxicrato al vientre. Serían las diez de la noche cuando fui a verle y le encontré con el pulso muy pequeño, nauseas, lipotimias, frío en las extremidades y demás síntomas que indicaban otro ataque, por lo que pronostiqué una muerte próxima. Le mandé además lavativas y limonada sulfúrica.

En esta misma noche expiró con un vómito.

Hasta aquí el Sr. Sicilia.

El doctor nombraría a su estudio "Observación de una pústula maligna, o carbunco, que se contuvo por los medios ordinarios; sucediendo en seguida una gastroragia que ocasionó la muerte" .

Desde el periódico se haría la siguiente reflexión;

Si bien en lo relativo a la pústula maligna o carbunco que padeció este enfermo, no hay cosa que salga del orden natural, siendo notable únicamente la eficacia de los medios terapéuticos empleados, cuando ya se encontraba el mal muy adelantado; merece llamar la atención la enfermedad que vino a poner término a su vida, por si hay alguna relación entre ella y la que precedió que nosotros consideramos más bien como un carbunco que como una pústula maligna. ¿Existiría tal vez un carbunco en el estómago o los intestinos, como los que tantas veces han observado los veterinarios en las vísceras de los animales, y por eso la hematemesis que sólo puede considerarse como sintomática? ¿No pudiera servir en apoyo de esta opinión el ardor abrasador que experimentó el enfermo? De lamentar es que la autopsia no haya ilustrado este caso tornándole más útil para la ciencia; pero raras veces pueden proceder a ella los profesores de los pueblos, siquiera sean tan celosos y aplicados como lo es el autor de esta observación.

El carbunco nos puede parecer una enfermedad un tanto desconocida hoy en día, pero si en vez de carbunco la llamásemos por el nombre que hoy es conocida "Anthrax" la percepción cambia ya que es una infección ligada a la guerra bacteriológica. Pero el hecho es ese, Juan Sánchez murió por "Anthrax" infección común en los peleteros y ganaderos de la épòca ya que era transmitida por el ganado al hombre.

La historia nos ha llevado a conocer un poco a D. Joaquín Sicilia y Gallego, el médico de Abla que llegó a ser médico del Rey, pero el presente suele dar más sorpresas que el pasado, y para mi ha sido una grata sorpresa saber que desde noviembre de 2006, el Director del Instituto Anatómico Forense de Madrid es D. Eduardo Andreu Tena, el cuál es tataranieto de nuestro paisano D. Joaquín Sicilia y Gallego.


Joaquín Sicilia y Gallego y su tataranieto Eduardo Andreu Tena

Entre estas dos imágenes hay más de 160 años de diferencia, pero en la sangre y en el espíritu no hay ni pizca de diferencia... y eso me encanta.

Abla 1855. Amar y fumar en tiempos del cólera. XII·XII·MMX

De todos los abulenses es conocido que D. Joaquín Sicilia y Gallego fue médico-cirujano de Abla a mediados del siglo XIX y quizás uno de los abulenses más ilustres de toda nuestra historia. 


Joaquín Sicilia y Gallego

Se sabe que su vida transcurrió a caballo entre Abla y Madrid, y que en enero de 1848 ingresa en la Sociedad Médica de Socorros Mutuos, también es nombrado médico forense de Madrid en 1862, y sabemos que ejerció en el distrito de Lavapiés en 1882 y principalmente que fue médico del Rey.

También participó en 1880 como médico forense en el estudio psiquiátrico del reo Francisco Otero González, el cual había atentado contra Alfonso XII el 30 de diciembre de 1879.

También hay que reseñar que fue hermano del afamado farmacéutico Juan Sicilia y Gallego.

Pero D. Joaquín Sicilia y Gallego principalmente nos es familiar por ser el abuelo materno de Joaquín Tena Sicilia, el médico-pediatra que dio nombre al colegio de Abla.

Aparte de todos estos aspectos de su vida y obra, quizás la labor más importante que realizó para nosotros es la de recoger y publicar sus experiencias como médico de Abla, sobre enfermedades comunes y especialmente relatar casi de forma escabrosa la epidemia de Cólera Morbo de 1855, que mató a 3.928 almerienses entre el 9 de junio y el 4 de octubre y que en España se cobró 236.744 vidas de 15.454.514 de habitantes que tenía en ese entonces el país, lo que a cifras de censo actual hoy supondría la muerte de más de 750.000 personas, nos podemos hacer una idea de la magnitud de la epidemia de 1855.

D. Joaquín Sicilia y Gallego firma el estudio preliminar de la epidemia de cólera el 6 de agosto de 1855, explicando que no pudo estudiar la anterior epidemia de 1834 pues aún no era médico, pero sí detalla que estudió a varios autores que la analizaron en su momento, y él divide la enfermedad en cuatro estados o fases y empieza a relatar;
[…Desde mucho tiempo antes de aparecer el primer caso de cólera en esta villa de Abla, que ocurrió el 14 del mes de junio en los molinos del río, se notaba en la población y en los cortijos que se padecían diarreas y cólicos biliosos, y con más generalidad unas calenturas catarrales gástricas que se anunciaban por un escalofrío seguido de dolor de cabeza supraorbitario. Dolor general de miembros, amargor de boca, lengua blanquecina en el centro y algo amarillenta hacia la base con encendimiento de las papilas en su punta…]
[…Este estado, que le podré llamar catarral gástrico-bilioso, se deja sentir en la villa de Abla, en Ocaña, Doña María y Abrucena, que son los pueblos que yo visitaba de continuo.]
El médico continúa relatando todos los síntomas y las medidas que cree se deben tomar para combatir la enfermedad en sus distintas fases, y de ahí pasa a relatar el efecto en los vecinos de estos pueblos a modo de ejemplo de comportamiento de la enfermedad, en sus diferentes estados;
[Diego López Gómez, molinero, de treinta y cuatro años de edad, constitución endeble, fue acometido de la diarrea colérica y no hizo caso, antes al contrario lo tomó a risa y de sí mismo se burlaba, de una diarrea que no producía dolor ni grave incomodidad; siguió así y no vio a ningún médico, porque hasta tenía apetito: a los cinco días se agravó y al momento de haberse declarado el segundo periodo vino el tercero y expiró.]
[José Ortega Castellano, de Ocaña, fue invadido de la misma diarrea, me vio y le mandé sudar y que guardase dieta. En vez de obedecer, se marchó a un cortijo a segar; allí fue invadido y murió.]
[En el mismo periodo de aumento, un día en que pasaba visitando de casa en casa en Ocaña, vi una mujer embarazada, tendida en el suelo, y oficiosamente me llegué a ella y la encontré en el primer periodo y con la diarrea colérica; se presentaba indicación de sangría que se hizo, la mandé sudar y a dieta, y a los tres días estaba buena.]

El médico utiliza los ejemplos prácticos de pacientes para desarrollar su teoría de cómo combatir la enfermedad en los que se ve como sana también a Jose Antonio Rodríguez, natural de Nacimiento y a José López, molinero del que no nombra su domicilio pero que podemos suponer de Abla.

Luego expone la teoría de que la depresión o bajo estado de ánimo, puede hacer saltar la enfermedad del primer al segundo periodo rápidamente, mostrando dos ejemplos de fallecidos por “pesimismo”.

D. Joaquín llega a la conclusión de que todo aquel que llega al tercer estado de la enfermedad, es muy difícil que sobreviva a la misma.

También resulta evidente el desconocimiento que había en la época sobre la enfermedad, pues el doctor no quiere entrar a discutir sobre las causas, y cita vagamente a otros médicos que opinan que la epidemia puede ser trasmitida por la electricidad o por las constelaciones.

Y acabará su estudio con el relato de todas las medidas que ha tomado como médico para atajar la enfermedad, relatando algunos casos exitosos en los que incluso llega a curar a enfermos en un tercer periodo, y continuando con la tesis general de la época achaca el mal a una propagación atmosférica pero sin poder determinar las causas o el agente propagador y terminaría diciendo;
[…Si por este trabajo insignificante, pero que he robado a mi corto descanso, consiguiese ser útil a un enfermo siquiera, todos mis desvelos quedarán premiados, satisfecha mi ambición y alcanzada mi gloria.]
Algunos años después, en 1865 saldría publicada en el periódico La España Médica, un suplemento de nuestro doctor Joaquín Sicilia sobre otros datos que no había recogido en el anterior estudio, para discernir si el cólera se propagaba o no entre humanos, y aquí es donde contaría un suceso realmente dantesco, que dice así;
[Cuando en 1855 asistí a la epidemia en la provincia de Almería, ocurrió el siguiente caso. Era un labrador llamado Antonio Morales Ortiz, que vivía en un cortijo o posesión aislada, distante más de una hora de toda población; su familia se componía de la mujer y un niño que lactaba, una hija joven de 15 años y varios otros hijos jóvenes desde 7 años hasta 23. El de esta edad tenía una novia en la villa de Abla, y su futuro suegro fue invadido del cólera; la familia del novio no dejó de visitar al enfermo hasta que murió, y a los pocos días fue invadida la madre del novio, el hijo que lactaba, la hermana de 15 años y el padre, muriendo el niño y la joven. Parecía que el aislamiento, la gran elevación sobre las poblaciones y casi en la misma Sierra Nevada eran condiciones abonadas para presumir que no había de padecerse el cólera en aquella localidad; pero no fue así. Próximo a la villa de Abla a que me refiero, y como a un kilómetro de distancia hay otra que es la de Abrucena, que se libró de la epidemia en 1834. Esta población, situada en una colina de Sierra Nevada y más alta que Abla, pero mucho mas baja que el cortijo o posesión del caso anterior, parecía que en 1855, también iba a ser tan afortunada como en el 34, porque la epidemia decrecía en sus limítrofes y con su aislamiento y topografía se creía a salvo, pero habiendo bajado una mujer, esposa de un tal Urrutia, que estuvo asistiendo a una enferma de Abla, luego que se restituyó a su pueblo, fue invadida y murió, y por aquellos días se principió a notar algún caso de colerina, y el carácter y tendencia general de la enfermedad que por fortuna fue muy pasajera…]
Era terrible ver como la gente era capaz por amor de exponerse al cólera, pero D. Joaquín también relataría su caso y el del cura del pueblo, a los cuales les vomitaban encima los enfermos que trataban, sin llegar ninguno de los dos a contraer la enfermedad, ellos también amaron sin miedo en los tiempos del cólera, este hecho obsesionó a nuestro doctor, sin darse cuenta el buen hombre y buen médico que el agente propagador no era el aire, ni la electricidad, ni las estrellas, ni el hombre… era el agua.



En la anterior epidemia de 1834 se recomendaba en poesía como prevenir la enfermedad;
Vivir sin miedo, comer asado.
Verduras pocas, licor escaso;
Tertulias fuera, nada de teatros.
De noche en casa, andar al campo;
Pescado poco, y no salado.
No dormir siesta, o breve rato;
Del lecho alzarse, al sol bien claro.
Usar frecuentes, ácidos sanos;
Frutas jugosas, echar a un lado.
Melones e higos, ni imaginarlos;
El té y la salvia, usar con garbo.
Friegas al cuerpo, en despertando;
Y de franela, camisa encargo.
Heces y orina, lejos del cuarto;
Con buen vinagre recibir vahos.
Con el lavarse, la boca y manos.
De húmedo piso, los pies guardados.
Si el cuerpo suda, no ventilarlo;
Saliva fuera, si excede un tanto.
Fumar en pipa, anís y habanos;
Alcanfor siempre llevar guardado.
El chocolate poco cargado.
En todo tiempo huir de helado.
Especia poca en los guisados;
Pastelería poca y de paso.
Llevar el vientre aligerado;
Ropas de invierno en el verano;
Corteje a Venus el dios Vulcano,
ni una manzana del árbol vedado.

Sana conciencia, mental descanso
y no inquietarse aunque la cena se coma el gato,
o el ahumado salga estofado.

Parecerá graciosa la parte de la recomendación que dice “fumar en pipa, anís y habanos” pero nada más lejos de la realidad, el propio doctor Joaquín Sicilia anotaría en su informe;
[…Debo consignar una observación que hice en 1855 respecto al uso del tabaco, y es, que no se me murió entre los asistidos por mí, ningún fumador de pecho, o sea de los que aspiran el humo, y de los que estos fueron invadidos, que conté muy pocos, lo fueron de una manera muy benigna y pasajera. Por esto recomiendo mucho el uso del humo del tabaco y deseo que el que tenga proporción haga nuevos ensayos, por lo cual juzgo que si algún día esta enfermedad tuviese un específico, debería buscarse en el tabaco.]

Curioso, realmente curioso, lo que era amar y fumar en tiempos del cólera;
[Corteje a Venus el dios Vulcano, ni una manzana del árbol vedado]
[Fumar en pipa, anís y habanos]